III DOMINGO DE ADVIENTO
13 de diciembre 2009, Ciclo C

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Proyecto de homilía     Dios Hoy


ORACION PARA ENCENDER EL TERCER CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

En las tinieblas se encendió una luz,
en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia:
¡El Señor va a llegar!
Preparen sus caminos, porque ya se acerca.
Adornen su alma
como una novia se engalana el día de su boda.
Ya llega el mensajero.
Juan bautista no es la luz,
sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuelvenos en tu luz,
caliéntanos en tu amor!



Casulla_Morada
        O Casulla_Rosa

ANTÍFONA DE ENTRADA Flp 4,4.5

Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres. El Señor está cerca.


No dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Mira, Señor, a tu pueblo que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

El Señor se alegrará en ti.

Del libro del profeta Sofonías: 3,14-18

Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.

El Señor ha levantado su sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus enemigos. El Señor será el rey de Israel en medio de ti y ya no temerás ningún mal.

Aquel día dirán a Jerusalén: "No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador, está en medio de ti. El se goza y se complace en ti; él te ama y se llenará de júbilo por tu causa, como en los días de fiesta".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Isaías 12

R/. El Señor es mi Dios y salvador.

El Señor es mi Dios y salvador,
con él estoy seguro y nada temo.
El Señor es mi protección y mi fuerza
y ha sido mi salvación.
Sacarán agua con gozo
de la fuente de salvación. R/.

Den gracias al Señor,
invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es sublime. R/.

Alaben al Señor por sus proezas,
anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión,
porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. R/.

SEGUNDA LECTURA

El Señor está cerca.

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses: 4,4-7

Hermanos míos: Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense! Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Is 61,1 (cit. en Lc 4,18)

R/. Aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres. R/.

EVANGELIO

¿Qué debemos hacer?

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 3,10-18

En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: "¿Qué debemos hacer?" El contestó: "Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo".

También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: "Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?" El les decía: "No cobren más de lo establecido". Unos soldados le preguntaron: "Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?" El les dijo: "No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario".

Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: "Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. El tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue".

Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I/A o I/B

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Is 35,4

He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengan miedo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Siervo Fiel

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

La religión oficial judía poseía algunos ritos de purificación, pero éstos tenían un significado meramente ceremonial. El bautismo que Juan realizaba era distinto: exigía la confesión de los pecados, era irrepetible y estaba referido a otro bautismo, en el Espíritu Santo: "Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".

"¿Qué debemos hacer?", es la pregunta que le hacen a Juan aquellos que se acercan a él: "la gente" en general, los publicanos y los militares. Juan no los invita a quedarse en el desierto, a vestirse como los penitentes, a comer (como él) saltamontes y miel silvestre... Los invita a la solidaridad: "Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo" a practicar la justicia: "No cobren más de lo establecido"; a no caer en la corrupción, a ejercer honestamente el poder: "No extorsionen a nadie ni denuncien a nadie falsamente". En pocas palabras, a vivir honesta y humanamente la existencia cotidiana.

En este tercer domingo de Adviento sería muy bueno preguntarnos: ¿Qué hacemos para encontrar la verdadera alegría, esa "buena noticia", que va más allá de los regalos, las luces, la cena de Navidad? ¿Qué hacemos para encontrar a ese Dios que tanto anhelamos y necesitamos? ¿Qué hacemos para vivir, en el ámbito familiar, laboral y social, de una manera más humana, solidaria y alegre?

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Sofonías 3,14-18

Este cántico se dirige a Jerusalén, que será reconstruida como ciudad en la que el Señor habitará como rey y salvador. El texto inicia con una serie de imperativos que invitan al gozo: "Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén" (v. 14). La "hija de Sión" es Jerusalén, es decir, sus habitantes. La causa de esta alegría es la destrucción de sus enemigos, que probablemente son los jefes y guías de la ciudad, que por su comportamiento orgulloso y violento se han vuelto precisamente adversarios de la misma ciudad. Esta primera parte del canto termina con una afirmación importante: "El Señor será el rey de Israel en medio de ti y ya no temerás ningún mal" (v. 15).

En el v. 16 es el mismo Señor el que se dirige a la ciudad: "No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos". Junto al sentimiento del miedo se evoca la parálisis que éste provoca. En la segunda parte del v. 17 se retorna el tema del gozo, pero con significativo cambio de sujeto. Ya no es la ciudad, sino el mismo Señor quien experimenta una profunda alegría. Los sentimientos de la ciudad son ahora los de Dios, que participa plenamente de su alegría: "El se goza y se complace en ti... se llenará de júbilo por tu causa, como en los días de fiesta". El gozo del pueblo y el gozo de Dios se vuelven uno solo.

* 2ª lectura: Filipenses 4,4,7

La exhortación de Pablo: "Alégrense siempre en el Señor" (v. 4), hace referencia al gozo que brota de la experiencia profunda de Cristo muerto y resucitado. Después de una exhortación a la bondad, Pablo afirma la raíz de la esperanza cristiana: "El Señor está cerca". Todo cristiano vive abierto a ese futuro de plenitud, que es el regreso glorioso del Señor.

El texto termina con una invitación a superar cualquier angustia o situación de ansiedad o de inquietud: "no se inquieten por nada" (v. 6). El verbo griego utilizado es merimnáo, el mismo que Jesús usa en el sermón del monte, por lo que se puede pensar que Pablo quiere evocar una palabra de Jesús: "No se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán..." (Mt 6,25.28). En lugar de la agitación inútil, el cristiano acude a la oración, a la súplica y a la acción de gracias (v. 7).

* 3ª lectura: Lucas 3,10-18

Este texto presenta dos centros de interés. El primero hace referencia a la espera del pueblo; el segundo, al anuncio del Mesías ya cercano.

La espera del pueblo (vv. 10-14). Es importante la afirmación del v. 15: "el pueblo estaba en expectación". Una espera que se concreta en la pregunta que diversos grupos sociales hacen a Juan Bautista: "¿Qué debemos hacer?", y que se repite tres veces (vv. 10.12. 14). Es la misma que en los Hechos de los Apóstoles la gente dirige a Pedro (Hech 2,37). Algunos opinan incluso que la expresión podría haber pertenecido al ritual bautismal de la iglesia primitiva.

Juan responde a cada grupo en forma detallada, según la propia condición social y las funciones de cada uno. La acogida gozosa del Mesías que estaba por llegar, sólo era posible a través de la práctica de la caridad y de la justicia en favor de los últimos de la sociedad (vv. 11-14). Sólo a través de una fe que se manifiesta a través del actuar justo y solidario es posible reconocer y acoger al Mesías que está por llegar.

El anuncio del Mesías ya cercano (vv. 15-18). Al pueblo que "estaba en expectación", Juan le anuncia la llegada del Mesías, que bautiza, no con agua, sino "con el Espíritu Santo y con fuego" (v. 16). El hará que la humanidad entera se pueda sumergir en el fuego purificador y transformador del dinamismo del amor y la vida de Dios, que es el Espíritu. En la obra de Lucas, este "bautismo con el Espíritu Santo" tiene lugar en Pentecostés (Hech 2; Cfr. Hech 1,5; 11,16), experiencia que capacitará a los discípulos para anunciar la buena nueva a todos los pueblos de la tierra.

Juan además describe con palabras del profeta Malaquías la futura misión de Cristo, como quien separará el trigo de la paja, recogerá el buen trigo en el granero y quemará la paja (v. 17). Es una imagen bíblica conocida que se refiere al juicio de Dios al final de los tiempos. Cristo, como dice el viejo Simeón en su profecía, "ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al decubierto los pensamientos de muchos corazones" (Lc 2,33-35).

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

¡JÚBILO, ALEGRÍA... FIESTA!

La esperanza es la característica del Adviento. Ya lo sabemos. La esperanza cristiana es especial porque hace vivir en el momento presente lo mismo que espera para el futuro. Aún no lo vivimos plenamente, pero ya lo estamos viviendo. Por eso la espera es confiada, por eso libera de las esclavitudes de la situación presente, por eso permite vivir ya ahora el futuro, y por eso es una esperanza activa, que hace caminar siempre adelante.

Hoy todos los elementos de la celebración invitan a vivir ya en esta esperanza, y por lo tanto, invitan a la alegría serena y confiada de lo que en las fiestas de Navidad celebraremos con "inmensa alegría" (colecta) porque un día se realizará del todo en nuestra vida. La esperanza y la fe van íntimamente ligadas, la fe lleva a la esperanza. Esta esperanza plena de que la vida tiene sentido y vale la pena vivirla a fondo, es un mensaje de gran actualidad en nuestro mundo, donde todo se agota en lo inmediato. Nuestra mirada va más allá. Es Dios quien obra este prodigio en nosotros.

Toda la celebración de hoy respira el júbilo y la alegría que se derivan de este misterio de la esperanza fiel. "Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén", clamará el profeta Sofonías en la primera lectura. "Griten jubilosos, habitantes de Sión", repetirá como un eco Isaías en el salmo. "Alégrense siempre, en el Señor; se lo repito: ¡Alégrense!" dice san Pablo a los cristianos filipenses.

EL SEÑOR ESTÁ CERCA

El motivo de júbilo es éste que formula san Pablo: "El Señor está cerca". "El Señor será el rey de Israel, en medio de ti", ha dicho el profeta. "El Dios de Israel ha sido grande con ustedes", hemos cantado en el salmo. Nosotros, en el tiempo de Adviento, estamos a la espera de las fiestas de Navidad que se acercan. Aunque sabemos bien que mientras lo esperamos, él ya está entre nosotros, en el interior de cada uno y de la comunidad efesias. Lo esperamos porque ya está; vendrá porque ya está aquí. Es así como lo hizo la primera vez.

El prefacio II de Adviento, propio de estos últimos días antes de Navidad, lo canta: "A quien todos los profetas anunciaron, y la Virgen esperó con inefable amor de Madre, Juan lo proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres. Él es quien nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento". Seguro que será en esta semana que podremos proponer las celebraciones penitenciales y los encuentros de oración que nos vuelvan a hacer conscientes de la presencia de Dios encarnado entre nosotros, para poder así recibirlo como se merece.

¿QUÉ HACEMOS NOSOTROS?

La pregunta de la gente a Juan sigue siendo la pregunta de hoy ante la encarnación de Dios en nosotros: ¿qué hacemos nosotros? Y Juan contestará con firmeza: hay que compartir lo que se tiene; hay que vivir practicando la justicia; hay que considerar a todos como hermanos, sin aprovecharse de nadie. Hay que hacer lo que ya hacía Juan. Hay que preparar así la venida del Reino.

Aunque él sabe muy bien las dificultades para pode. conseguirlo; él sólo puede exhortar a ello, sólo puede bautizar con agua, sólo puede pedir todo el esfuerzo de la persona humana. Es la preparación necesaria para el bautismo verdadero que él no puede dar. Ésta es misión del Mesías: "Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".

La buena nueva, por lo tanto, que Juan anunciaba al pueblo no responde tanto a la pregunta inicial que le han formulado, ¿qué debemos hacer? La buena nueva de verdad responde a la pregunta: ¿cómo tenemos que ser? Porque tenemos que ser creaturas nuevas y esto sólo puede hacerlo el Espíritu de Dios. Sólo él nos puede dar el don de la conversión y puede hacer de este mundo un lugar donde reine la justicia que Juan predica.

LA EXPECTACIÓN

El pueblo estaba en "expectación". Nosotros también tenemos que ayudar a que todos puedan vivir expectantes y esperando, porque sólo entonces tiene pleno sentido llevarles la buena nueva. Y como Juan tendremos que aprender a hacer ver a todo el mundo y a decir muy alto que nosotros no somos la buena nueva porque esta salvación sólo nos puede venir de Dios que quiere salvarnos porque éste es su poder. El es la Buena Nueva también para el hornbre de hoy.

La oración sobre las ofrendas resume muy bien el sentido de la celebración de hoy cuando le pedimos a Dios que "este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofecido siempre", como lo hacía Juan y como exhortaba a hacerlo. Pero al final tiene que ser el misterio salvador de la Eucaristía el que "lleve a cabo en nosotros tu salvación".

JUAN TORRA

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Proyecto de homilía

La liturgia de Adviento está penetrada por una atmósfera de alegría, de expectativa serena y confiada, de esperanza. La clave estilística del presente domingo está resumida en el imperativo de la antílona de entrada, tomada de la segunda lectura: «Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres... El Señor está cerca» (Flp 4,4-5).

Este ambiente de alegría y de intimidad penetra el himno de Sofonías, que el leccionario propone hoy como primera lectura. Ese himno parece estar compuesto de dos composiciones diferentes, insertadas sucesivamente en el libro de este profeta, que vivió a finales del s. VIl a. C. A pesar del terror alucinante que puede provocar "el día del Señor", como indica el mismo Sofonías en 1,15-16, el amor del Señor hacia Israel es constante y tiene acentos de gran ternura.

El centro del poema está en la certeza expresada en 3,15: «El Señor, Rey de Israel, está en medio de ti». Con este soberano invencible, el pueblo no tendrá ya que temer; aunque esté al borde de la ruina y aunque esté formado sólo por personas débiles y pobres. El Señor triunfa en la debilidad, como enseña toda la himnografía del AntiguoTestamento (cántico de Moisés, cántico de Débora, cántico de Ana...).

La misma alegría y la misma confianza animan el párrafo tomado del último capítulo de la Carta de San Pablo a los cristianos de Filipos (segunda lectura). También aquí el centro de la exhortación a la alegría está en una frase paralela a la de Sofonías: «El Señor está cerca» (Flp 4,5). Como el Bautista, que había anunciado: «Ha llegado el Reino de los cielos» (Mt 3,2); como Cristo, que había repetido el mismo anuncio (Mc 1,15), así Pablo propone de nuevo el núcleo del mensaje cristiano: el evangelio del Reino, un Reino presente como semilla en el mismo Cristo y cercano en su florecimiento final.

El pasaje de San Lucas que hoy leemos (evangelio) comparte también ese ambiente de alegría y de novedad. También aquí está presente el anuncio de 'cercanía' y de 'presencia', que encontrábamos en las dos primeras lecturas. El relato de Lucas se desarrolla alrededor de dos polos. El primero es la expectativa y esperanza humanas («Elpueblo estaba expectante», Lc 3,15); expectativa que se concreta en la pregunta «¿qué debemos hacer?», repetida tres veces en el pasaje. Según las respuestas del Bautista, la novedad de la vida y la alegría que abre el corazón sólo son posibles si se comparte lo que se tiene, si se actúa con justicia y con atención al pobre y al oprimido.

El segundo polo del relato de Lucas es el anuncio del Mesías, que el Bautista lanza al pueblo expectante. Juan describe la acción del Mesías como la del gran bautizador escatológico, que rebautiza en Espíritu Santo y fuego; que tiene en mano la horquilla para limpiar su cosecha...» (Lc 3,16-17). Toda la miseria y toda la fragilidad humana son recorridas por una corriente de agua viva y fecundadora; todo el pecado y la injusticia que la humanidad acumula en sus vagar alejada de Dios son consumidos en este crisol purificador.

El Señor que esperamos en este tiempo de Adviento viene a traernos todo eso y, por eso mismo, lo esperamos con alegría y confianza. Nuestra participación en la Eucaristía es lo que mejor puede prepararnos para recibirlo.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

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