III DOMINGO DE ADVIENTO
14 de diciembre 2008, Ciclo B

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy


ORACION PARA ENCENDER EL TERCER CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

En las tinieblas se encendió una luz,
en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia:
¡El Señor va a llegar!
Preparen sus caminos, porque ya se acerca.
Adornen su alma
como una novia se engalana el día de su boda.
Ya llega el mensajero.
Juan bautista no es la luz,
sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros quiere ser
antorcha tuya para que brilles,
llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuelvenos en tu luz,
caliéntanos en tu amor!



Casulla_Morada
        O Casulla_Rosa

ANTÍFONA DE ENTRADA Flp 4,4.5

Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres. El Señor está cerca.


No dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Mira, Señor, a tu pueblo que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Me alegro en el Señor con toda el alma.

Del libro del profeta Isaías: 61,1-2.10-11

El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros, y a pregonar el año de gracia del Señor.

Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas.

Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Lucas 1

R/. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso los ojos en la humildad de su esclava. R/.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre y su misericordia llega,
de generación en generación, a los que lo temen. R/.

A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo. R/.

SEGUNDA LECTURA

Conservémonos irreprochables en cuerpo y alma hasta la llegada del Señor.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses: 5,16-24

Hermanos: Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús. No impidan la acción del Espíritu Santo, ni desprecien el don de profecía; pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno. Absténganse de toda clase de mal. Que el Dios de la paz los santifique a ustedes en todo y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, se conserve irreprochable hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo. El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Is 61,1 (Cit. en Lc 4,18)

R/. Aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres. R/.

EVANGELIO

En medio de ustedes hay uno al que ustedes no conocen.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 1,6-8.19-28

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú?"

El reconoció y no negó quién era. Él afirmó: "Yo no soy el Mesías". De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?'' Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías".

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: "Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento, y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I/A o I/B

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Is 35,4

He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengan miedo.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que esta Eucaristía nos purifique, Señor, de toda mancha y nos prepare así a celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Al Menu




Siervo Fiel

¿QUÉ DICES DE TI MISMO?

Juan es objeto de una especie de interrogatorio en el evangelio de hoy: "¿Quién eres tú? - ¿Qué dices de ti mismo?". La respuesta primera de Juan es un triple "no soy", para concluir con su "yo soy": "El reconoció y no negó quién era. El afirmó: 'Yo no soy el Mesías'. De nuevo le preguntaron: '¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?' El respondió: 'No lo soy'. '¿Eres el profeta?' Respondió: 'No'. Le dijeron: 'Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?' Juan les contestó: 'Yo soy la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor"'. Estas preguntas pueden ir dirigidas también a nosotros: ¿Tú quién eres? ¿Qué dices de ti mismo? He aquí las respuestas de un cristiano:

- yo soy alguien que se sabe amado por Dios.

- yo soy alguien que descubrió y experimentó a Jesús como Luz.

- yo soy una voz que grita: "Dios te ama, endereza el camino".

- yo soy alguien que está convencido de que Jesús está "en medio de nosotros".

- yo soy testigo de la luz de Cristo y comunicador de la esperanza cristiana.

- yo soy alguien que quiere adherirse a Jesús y decirle a otros: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".

En este Tiempo de Adviento no dejemos de preguntarnos y responder quiénes somos y a qué estamos llamados.

Al Menu




Notas exegéticas

* 1ª Iectura: Isaías 61,1-2.10-11

Se presenta en primera persona un personaje llamado a proclamar de parte de Dios un mensaje de salvación y de gozo (v. 1). Él mismo describe su unción solemne. No dice quién es. Ni siquiera se llama a sí mismo profeta. Pero posee las dos cualidades fundamentales de un profeta: la elección-unción y el envío a anunciar la palabra. Con el don del Espíritu, Dios lo capacita y lo reviste de autoridad para la misión.

Su misión es anunciar la "buena nueva" a los pobres, "curar a los de corazón quebrantado" y proclamar el perdón a los cautivos (V. 1 ). Su anuncio alcanza al hombre entero, en su interioridad y en su situación social. Recuerda la llegada del "año del jubileo'', cuando las deudas eran perdonadas y los esclavos eran puestos en libertad (Cfr. Lev 25,10). La expresión "año de gracia" traduce el hebreo shenat ratsón, que literalmente quiere decir: "año aceptable, año favorable". Llega un tiempo en que Dios se manifestará especialmente misericordioso y cercano, sanando y liberando a quienes sufren y viven en la opresión.

Los vv. 10-11, que se refieren a la ciudad de Jerusalén personificada, describen la respuesta del pueblo ante el mensaje del profeta. Los pobres de la ciudad han experimentado su anuncio como alegre y liberador. Se descubren "revestidos" por Dios con "vestiduras de salvación", expresión de su premura y de su amor (v. 10). A la imagen del vestido, sigue la metáfora vegetal: la ciudad es descrita como un frondoso jardín, en donde ha florecido la justicia y la liberación, desde donde se elevan cantos de aladanza en honor del Señor, que todos los pueblos podrán oír (v. 11).

* 2ª lectura: 1 Tesalonicenses 1,16-24

En la exhortación conclusiva de la primera Carta a los tesalollicenses. el Apóstol vuelve a proclamar la venida de Jesucristo y su convicción de fe en la fidelidad de Dios (v. 23). La acción fiel del "Dios de la paz" hace posible la consagración del creyente, mientras vive en la espera del Señor.

Al creyente le corresponde la apertura a la acción de Dios (vv. 17-19: "oren sin cesar'', "den gracias en toda ocasión'', "No impidan la acción del Espíritu Santo") y la búsqueda de los auténticos valores que llevqan a la santidad (vv. 20-22: no "desprecien el don de profecía", "sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno", "Absténganse de toda clase de mal").

* 3ª lectura: Juan 1,6-8.19-28

En el prólogo del cuarto evangelio, Juan Bautista es presentado como un "testigo", que llega para "dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él" (vv. 6-8). El evangelio de Juan concibe la obra de Jesús como un gran proceso jurídico en el que se enfrentan la luz y las tinieblas, el mundo y Cristo (Cfr. Jn 9,39; 12,31). En este juicio dan testimonio de Jesús las Escrituras (Jn 5,39), las obras que él mismo realiza (Jn 10,38-39) y sobre todo el Padre (Jn 5,31-38; 8,18). Pero Juan es el primero que da testimonio. Es el testigo por excelencia que proclama a Israel el misterio de Jesús.

Las autoridades religiosas judías ("los judíos") envían una comisión de sacerdotes y levitas para interrogar a Juan sobre su identidad y su misión (v. 19). Él confiesa que no es el Mesías. Negando además ser Elías (Cfr. Mal 3,1-3.23) o el profeta esperado (Cfr. Deut 18.15), personajes que aparecerían al final de los tiempos precediendo la llegada del Mesías, no se atribuye tampoco ninguna función mesiánica. Juan responde con las palabras del Deutero-lsaías, citadas según la versión griega de los LXX: "Yo soy la voz que grita en el desierto" (v. 23; Cfr. Is 40,1). Juan simplemente representa la antigua voz de los profetas y encarna las promesas de las Escrituras.

Los mensajeros de Jerusalén lo interrogan sobre la autoridad y el sentido del bautismo que administra en el Jordán. Su bautismo "con agua" tenía la función de preparar la venida el Señor, comprendía la confesión de los pecados y significaba la conversión del hombre ante Dios, que vendría muy pronto a bautizar en el Espíritu Santo (Cfr. Jn 1,33). Juan polariza toda su atención en Cristo, declarando su presencia todavía oculta (v. 27). Probablemente él misino vive de la certeza interior y oscura de la fe.

Para Juan, este personaje misterioso y desconocido para todos, es más importante que él, aunque haya nacido después de él y venga después de él (v. 27). El Mesías está por llegar. Lo decisivo del momento es identificar a Aquel que viene.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

Al Menu




Orientaciones para la celebración

ALEGRÍA

Avanza el Tiempo del Adviento. Hemos superado su ecuador y llegamos al domingo tercero. Este domingo ha sido llamado tradicionalmente Gaudete ("alégrense"), ya que la alegría es uno de sus rasgos característicos. Estén siempre alegres en el Señor, leemos en la antífona de entrada. Me lleno de júbilo en mi Dios, afirmará Isaías en la primera lectura. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvado, repetiremos como respuesta al salmo. Vivan siempre alegres porque el Señor cumplirá su promesa, escucharemos en la segunda lectura. La celebración eucarística de este domingo debe, por lo tanto, evocarnos esta esperanzada alegría: por medio de los cantos, por el contenido de las moniciones y de la homilía, por la ambientación (adornos, flores, carteles...), por el color rosa de las vestiduras litúrgicas (en contraposición al color morado de los días precedentes)...

La alegría, en el Adviento, está motivada por la venida del Señor: la que tendrá lugar al final de los tiempos, la que aconteció en Belén y la que se da cada día.

Alegría por el Señor que vendrá

La primera razón de nuestra alegría es el cumplimiento de la promesa de Jesús: él volverá al final de los tiempos para dar la plenitud a su reino, para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos (1ª lectura). Es la alegría que brota de la esperanza en que nuestra débil y frágil naturaleza será transformada.

Alegría por el Señor que vino

El fundamento de nuestra esperanza en que esta venida del Señor acontecerá y que esta transformación se hará realidad tiene su fundamento en la encarnación: el Señor ya vino, se hizo hombre y comenzó a cambiar el mundo a su propia imagen. Su venida en la historia es el comienzo de la plenitud que se nos dará tras su venida en gloria. El recuerdo de este acontecimiento es motivo suficiente para nuestra alegría.

Alegría por el Señor que viene

Alegrémonos también porque el Señor viene, además, cada día. La alegría no puede mantenerse viva en el recuerdo de un acontecimiento del pasado, como la primera venida, y alimentarse simplemente en la esperanza de un acontecimiento que sucederá, como la venida definitiva. La alegría permanece viva en nosotros porque somos capaces de sentir la presencia, el Adviento continuo del Señor. El Señor viene en la Eucaristía: se hace presente en medio de nosotros por medio de su Palabra, viene en el pan y en el vino que son transformados en su Cuerpo y su Sangre. Si la Palabra de Dios penetra en las profundidades de nuestra alma, si el Cuerpo y la Sangre del Señor alimentan nuestra fe y van transformando nuestra vida, Cristo está viniendo a nuestra vida y hace morada en nosotros cristificando nuestro ser.

MENSAJEROS

La liturgia de la palabra de este domingo nos presenta al profeta Isaías (1ª lectura) y a Juan Bautista (evangelio) como mensajeros que anuncian al pueblo la llegada del Mesías. Ambos personajes llaman la atención del pueblo para que no se despiste y descubra al Señor que va a irrumpir en la tierra.

También nosotros debemos estar atentos para escuchar a los Isaías" y "Juanes Bautistas" que surgen entre nosotros. Aquellos que en nuestro tiempo son mensajeros del Señor que nos invitan a descubrir a Dios vivo y actuando entre nosotros.

Y tampoco podemos olvidar que quizá nosotros, cada cristiano, puede ser mensajero de Dios en su entorno (familia, amigos, trabajo...) y anunciar que el Mesías vino, viene y vendrá. Un anuncio que puede hacerse por medio de palabras, de forma explícita, o por medio de las obras: "Una imagen vale más que mil palabras", dice el refrán. Las obras además manifiestan cómo el Señor está actuando en el "mensajero" e invitan a aquellos que se cruzan con él a acoger a ese Señor para sentir también ellos su vida transformada.

JOSÉ ANTONIO GOÑI

Al Menu




Proyecto de homilía

En la liturgia de hoy se oyen cuatro voces que, aun en la diversidad de sus tonos y timbres, confluyen en la unidad de un solo anuncio: el Reino de Dios. La primera voz es la del profeta anónimo llamado convencionalmente "Tercer Isaías", autor de un mensaje de alegría por el regreso de Israel a su patria después del destierro de Babilonia (primera lectura). Es una voz cálida y entusiasta, que es evangelio ("buena nueva") para los pobres (Is 61,1), esperanza para los enfermos, liberación para los esclavos y prisioneros. Como el heraldo que anunciaba la celebración del Jubileo judío, el profeta anuncia liberación, consuelo y paz para toda la comunidad de Israel. Es el "año de gracia del Señor (61,2), el jubileo perfecto y definitivo, en el que se restablece un mundo nuevo, con una nueva trama de relaciones humanas.

La relación entre Dios y el ser humano se transforma, vuelve a ser una alianza de amor. El Señor quiere celebrar con su pueblo un matrimonio de amor que ya no se romperá. La esposa (Israel) recibe como traje nupcial la salvación, como manto la justicia, la diadema y las joyas de la felicidad (61,10).

La segunda voz es la del Bautista (evangelio). Así se define él mismo, rechazando las interpretaciones del mesianismo popular de su tiempo: «Soy la voz de uno que clama en el desierto: preparen el camino del Señor" (Jn 1,23). Él es un testigo: da testimonio a favor de otro personaje que está en el centro de ese gran proceso que revolucionará la historia. Es, pues, una voz-guía que tiene la tarea de mostrar a la humanidad el camino definitivo, la persona decisiva, la luz perfecta, el bautismo en el Espíritu y no sólo en agua (v. 33), el Señor de quien no se es digno de desatar la correa de su sandalia (v. 27).

La voz de Jesús está implícita en este pasaje del evangelio, totalmente proyectado hacia ella. Pero encontramos también un eco de su voz en la primera lectura. En la sinagoga de Nazaret Jesús intervino una vez en la liturgia de la sinagoga (Lc 4,16-21) e hizo lo que para Lucas es su declaración fundamental. Citó explícitamente el pasaje de Isaías, y concluyó: «Esta Escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy». El "hoy" de Lucas cancela la esperanza del futuro característica del pasaje del Tercer Isaías; la voz de Cristo inaugura lo que el profeta prometía, la nueva era, "el año de gracia del Señor.

La cuarta voz resuena en la Iglesia. Es la que llama a los cristianos de Tesalónica, dentro de la comunidad cristiana (segunda lectura). Es la voz del apóstol San Pablo que, dando testimonio de Cristo resucitado, anuncia su continua venida -presente y futura- en la Iglesia y en la historia humana (1 Tes 5,23). A esa venida hay que responder con todo nuestro ser: "espíritu, alma y cuerpo", y Pablo indica una serie de comportamientos en que se ha de expresar nuestra respuesta: la alegría, la oración incesante, la acción de gracias, la búsqueda inteligente de lo que es bueno y el rechazo de lo que es malo (vv. 16-22)...

Así, de toda la Iglesia se elevará una única voz; la del salmo responsorial, modelada según la voz de María, la primera creyente: «Mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi Salvador».

Que así prepare el Señor nuestros corazones, en este tiempo de Adviento, mediante nuestra participación en esta Eucaristia.

CARLOS SOLTERO, S.J.

Al Menu





LA PALABRA DE DIOS HOY

EN MEDIO DE NOSOTROS...