DOMINGO
TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
02 de noviembre 2008, Ciclo A

Orar por los difuntos es una de las tradiciones cristianas más antiguas. Es muy explicable que, al día siguiente de celebrar a todos aquellos que han llegado ya a la intimidad con Dios, nos preocupemos por todos nuestros hermanos difuntos, que han muerto con la esperanza de resucitar y con una fe tan sólo conocida por Dios.

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Casulla_Verde         o Casulla_Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA 1 Tes 4,14; 1 Cor 15,22

Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios llevará con él a los que mueren en Jesús. Y así como todos han muerto en Adán, así también todos revivirán en Cristo.


No se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Los aceptó como un holocausto agradable.

Del libro de la Sabiduría: 3,1-9

Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará ningún tormento. Los insensatos pensaban que los justos habían muerto, que su salida de este mundo era una desgracia y su salida de entre nosotros, una completa destrucción. Pero los justos están en paz.

La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad. Después de breves sufrimientos recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto agradable.

En el día del juicio brillarán los justos como chispas que se propagan en un cañaveral. Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor reinará eternamente sobre ellos.

Los que confían en el Señor comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 26

R/. Espero ver la bondad del Señor.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar? R/.

Lo único que pido, lo único que busco
es vivir en la casa del Señor toda mi vida,
para disfrutar las bondades del Señor
y estar continuamente en su presencia. R/.

Oye, Señor, mi voz y mis clamores
y tenme compasión.
El corazón me dice que te busque
y buscándote estoy.
No rechaces con cólera a tu siervo. R/.

La bondad del Señor espero ver
en esta misma vida.
Ármate de valor y fortaleza
y en el Señor confía. R/.

SEGUNDA LECTURA

Estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos.

De la primera carta del apóstol san Juan: 3,14-16

Hermanos: Nosotros estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien saben ustedes que ningún homicida tiene la vida eterna.

Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 25,34

R/. Aleluya, aleluya.

Vengan, benditos de mi Padre, dice el Señor; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. R/.

EVANGELIO

Vengan, benditos de mi Padre.

+ Del santo Evangelio según san Mateo: 25,31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme'. Los justos le contestarán entonces: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?' Y el rey les dirá: 'Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron'.

Entonces dirá también a los de la izquierda: 'Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron'.

Entonces ellos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?' Y él les replicará: ' yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo'. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna".
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, los dones que te ofrecemos en este sacramento de amor que nos une a Cristo, tu Hijo, y recibe a nuestros hermanos difuntos en la gloria de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de difuntos I-V

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 11,25-26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por este memorial de la muerte y resurrección de Cristo que hemos celebrado, concede, Señor, a nuestros hermanos difuntos, gozar de la paz eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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La Ley dice

VENGAN, BENDITOS DE MI PADRE

A las preguntas sobre el final de los tiempos, sobre el juicio definitivo, Jesús responde con una alegoría: El hijo del hombre vendrá como rey, se sentará en su trono de gloria, todas las naciones serán congregadas ante él... Lo primero que podemos apuntar es que la historia humana ciertamente tendrá un final, un culmen definitivo, y éste es Jesús mismo. La muerte no tiene la última palabra, no es el final. Podemos confiar que nuestros difuntos se han encontrado con Jesús, Señor de la Historia, Señor del Futuro. "Como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda", continua el relato. En la historia hay gracia y pecadora trigo y cizaña (Cfr. Mt 13,24-30), criados fieles e infieles (Cfr. Mt 24,45-51), jóvenes previsoras y otras descuidadas (Cfr. Mt 25,1-13). Ovejas y cabritos aluden a las actitudes más que a la persona concreta. 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino... porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron...". El criterio para participar en esa "nueva historia", para entrar al Reino, es el modo como tratamos a Jesús presente en el pobre, en el enfermo, en el que sufre. Las obras de caridad, el amor que dimos, es lo que será tomado en cuenta en el juicio final, es lo que más importa en la vida. Son muchos los caminos que nos ofrecen la felicidad, pero están llenos de engaños. Por eso Jesús nos declara cuál es el camino auténtico: acercarse y amar al pobre, al hambriento, al necesitado... ahí donde el Señor habita.

En esta celebración de los difuntos podemos preguntarnos: ¿Cómo vivieron nuestros difuntos este amor a los pobres? ¿Cómo trataban a los demás? ¿Qué recuerdo tengo de ellos? Seguramente encontraremos actitudes de las ovejas. Que éstas sean un aliento e impulso en nuestra vida. Seguramente encontraremos omisiones o actitudes de los cabritos. Ésas dejémosla en las manos misericordiosas de Dios que perdona siempre; hagámoslas a un lado como el pastor separa a las ovejas de los cabritos, como el segador separa el trigo de la cizaña.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Sabiduría 3,1-9

El problema de los justos que sufren y de los impíos que prosperan había preocupado y torturado a los teólogos y filósofos de Israel, sobre todo a partir del destierro. Hubo que esperar hasta el tiempo de los Macabeos, para que, bajo la fuerte tensión religiosa producida por la persecución, apareciera la esperanza en la resurrección de los justos. Y hubo que esperar hasta el libro de la Sabiduría (s. I a.C.), para que todo problema de ultratumba se aclarara definitivamente. Aquí radica la importancia de este capítulo 3 de la Sabiduría. Por primera vez en la historia de la Revelación aparece claramente expuesto el tema de la retribución de ultratumba. En un lenguaje sencillo y claro el autor de la Sabiduría aclara definitivamente el problema que venía preocupando desde hacía siglos.

La solución del libro de la Sabiduría es la vida de ultratumba, que será distinta para justos e impíos. Hasta aquí se venía creyendo que todos los hombres, buenos y malos, iban al Sheol. Ahí la existencia era tan flácida y tan lacia que apenas si merecía el nombre de tal. De hecho el Salmo 6,6 dice: "Porque en la muerte nadie se acuerda de ti: en el Sheol, ¿quién te puede alabar?". La Sabiduría, en cambio, afirma que el hombre, por lo menos el justo, es inmortal y que, después de la muerte del cuerpo, le espera una vida de comunión y felicidad junto a Dios. Más aún, el justo goza ya de la protección de Dios desde esta vida, puesto que las persecuciones y las tribulaciones están providencialmente ordenadas a fortalecer sus virtudes y hacerlo merecer una mayor gloria.

Quienes no vean más allá de la materia verán a la muerte sólo como una pérdida, un fin. Los que tengan esperanza de la vida nueva la verán, por lo contrario, como un inicio de algo mejor, "recibirán una abundante recompensa", "brillarán", "juzgarán", "comprenderán la verdad", "permanecerán a su lado".

Las penas y los sufrimientos no se ven a la luz de la fe como desgracias o castigo sino como prueba purificadora.

Este paso hacia adelante en la fe, en la vida futura alcanzará su cumbre en la resurrección de Cristo: "Se entregó hasta la muerte y muerte de cruz; por eso, Dios le dio un nombre sobre todo nombre".

* 2ª lectura: 1 Juan 3,14-16

Juan analiza la condición de hijos de Dios. Ha subrayado que esa filiación lleva consigo la separación de un mundo que se niega a tomar en consideración la iniciativa de Dios. La humanidad se divide entre hijos de Dios e hijos del pecado (vv. 9-10). Pero esta separación se convierte muchas veces en oposición.

La caridad mutua es el criterio fundamental: el odio es su contraposición. La primera es vida; el segundo, muerte.

Frente a los efectos del odio -que llega hasta matar- están los del amor. En el cuarto Evangelio -recordemos que tenemos en él la misma mentalidad que en nuestra carta- la vida cristiana había sido experimentada como un cambio radical frente a la vida anterior. Una diferencia tan radical y profunda que podía ser comparada con la que existe entre la vida y la muerte. Ahora, aquí, se emplea la misma imagen. Los cristianos hemos pasado de la muerte a la vida. El mundo, que no mantiene una relación con Dios, se halla fuera de su esfera, que es la de la vida; por lo tanto, se halla en el ámbito de la muerte.

Juan ha visto el amor actualizado en Jesucristo, que ha ofrecido su vida por todos los hombres. El amor no es, pues, una teoría, sino un ejemplo que hay que imitar.

* 3ª lectura: Mateo 25,31-46

El Evangelio evoca la venida del Hijo del hombre y su papel de juez, para subrayar la importancia de la caridad concreta en la existencia cotidiana del cristiano.

Los vv. 31-33 nos dan una corta parábola: la separación de las ovejas y los cabritos, tomada de la práctica pastoril palestina, pero aquí el pastor es el misterioso Hijo del hombre, Rey-Juez.

Los vv. 34-40 muestran una serie de ejemplos que resumen todas las penalidades humanas, todos los "desprovistos", los "pequeños" de los que el Pastor de Israel se declara solidario. Es notable que no aparezca como causa del rechazo un acto positivo, sino una verdadera omisión, y es que en el orden de la caridad abstenerse es pecar, no ayudar a un necesitado es no encontrarse voluntariamente con Cristo.

La Asamblea Eucarística reune a los seguidores de Cristo, es decir, a los que quieren ser vigilantes, conscientes de su obligación de dar testimonio de la presencia de Dios en las relaciones humanas.

EQUIPO LITÚRGICO DE, MÉXICO

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Orientaciones para la celebración

LA PREPARACIÓN DE LA MISA DE HOY

Hoy, a diferencia de cualquier domingo o un día ferial, no basta con seguir avanzando sin más en el leccionario o en el misal. Hoy hay tres formularios posibles de oraciones, cinco prefacios y un conjunto notable de lecturas y salmos de entre los cuales tendríamos que escoger lo que sea más adecuado para la celebración de todos los difuntos en nuestra comunidad. La opción que hacemos por lo que respecta a las lecturas es la siguiente: Sabiduría 3,1-9 (El Señor aceptó a los justos como un holocausto agradable); Salmo 26 (Espero ver la bondad del Señor); 1 Jn 3,14-16 (Estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos); y Mateo 25,31-46 (Vengan, benditos de mi Padre).

VISIÓN CRISTIANA ANTE LA MUERTE

Nos va bien celebrar este día de los Difuntos. Nos recuerda que somos peregrinos, que vamos caminando hacia un destino como "ciudadanos del cielo" que no tenemos aquí morada permanente, destinados como estamos a una vida definitiva mucho más plena.

Es verdad que la muerte es algo serio. Muchas veces, cuando nos toca de cerca, nos llena de dolor y nos infunde miedo cuando pensamos en ella. Nos plantea interrogantes y sigue siendo un misterio. También Cristo lloró por la muerte de su amigo Lázaro y tuvo miedo ante su propia muerte. Pero lo que nos distingue de los demás es que miramos a la muerte con fe. La Pascua de Cristo ilumina este hecho, no resolviendo el misterio, sino dándole sentido a su vivencia. La Pascua llena de esperanza nuestra mirada al futuro. La "evangeliza", la impregna de la Buena Noticia de la vida, a pesar de las apariencias en contrario. No sabemos explicar muchas cosas de este paso a la nueva existencia, pero la última palabra no la tiene la muerte. Dios nos ha creado para la vida. Lo mismo que la cruz de Cristo no fue el final, sino el paso a la nueva existencia gloriosa.

En cada Eucaristía recordamos a los difuntos, y no sólo hoy. Rezamos por los "que nos han precedido con el signo de la fe y duermen el sueño de la paz", o "los que durmieron en la esperanza de la resurrección". Por todos ellos pedimos a Dios que les conceda el lugar del consuelo, que sean recibidos en su Reino y puedan contemplar con gozo la luz de su rostro.

Para nosotros los cristianos, Cristo es el "primogénito de entre los muertos". Nuestro destino está unido al suyo. Creemos en lo que nos dijo: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá". Y también: "El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día".

UN REPASO A LO QUE HACEMOS Y DECIMOS ANTE LA MUERTE

El que hoy preside la celebración está en una situación psicológica especial. No es lo mismo que celebrar unas exequias, con el difunto de cuerpo presente y los sollozos de los familiares y amigos que resuenan en el corazón de todos. Por eso, a la luz de esta celebración de hoy, podemos dedicar un tiempo a la reflexión personal, repasando algunas de las exequias que recientemente hayamos presidido, viendo cómo hemos acompañado la muerte de distintas personas, cómo hemos acompañado a sus familiares, qué testimonio de fe hemos dado... Eso nos puede ayudar a preparar lo que hoy diremos (haciendo hincapié en lo que haya podido quedar más flojo, acentuando lo que ya iniciamos entonces...). Pero nos puede ayudar, sobre todo, a revisar la pastoral de las exequias, a releer el ritual para darnos cuenta de algún aspecto que quizá no tenemos suficientemente en cuenta, a hacer una mejor síntesis de lo que propone el ritual y la experiencia personal...

UNA CELEBRACIÓN DE TODA LA IGLESIA

Sin intención de apartar del pensamiento y del corazón de nadie a sus propios difuntos (cada uno de los presentes hoy tiene muy grabados los rostros de las personas queridas que han muerto), hoy es un día oportuno para hacer una pedagogía de la comunión eclesial. Conviene poner de relieve que hoy recordamos a "todos" los difuntos. Y que el hecho de la muerte de seres queridos es algo que todos tenemos en común. Pero, aún hay otro aspecto más importante a señalar, y es que la Iglesia ora por los difuntos de una manera gratuita, porque forma parte de su comunión y de su misión.

UNA INVITACIÓN A VIVIR CON ESPERANZA Y ALEGRÍA

Un buen ritmo de la celebración, una buena selección de cantos, adecuados al contenido de la celebración, una buena preparación de los textos, de la homilía... son elementos que han de ayudar a vivir con serenidad y paz esta Misa. Y a salir con ganas de vivir y con la esperanza reforzada. En definitiva, una celebración que ayude a renovar el camino bautismal de todos "los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo".

J. ROMAGUERA - J. ALDAZÁBAL

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Proyecto de homilía

Una de las actividades que aparecen como más entrañables en la vida de un grupo humano es conservar el recuerdo de sus muertos. Si se trata de personas 'ordinarias' y 'sencillas' este recuerdo es conservado sobre todo en el plano de la familia; si se trata de personas 'importantes' y 'de mayor relieve' el recuerdo llega también al plano social. El deseo humano, individual y colectivo, de vivir no puede olvidar fácilmente a aquellos que con su muerte parecen frustrar el cumplimiento de ese deseo.

¿Qué significado puede tener recordar cristianamente a los muertos, rezar por ellos, si la fe nos dice que "las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se consideró una desgracia su salida, y su partida de entre nosotros una completa destrucción; pero ellos están en la paz". (Sab 3,1-3). Las lecturas de toda la liturgia de hoy, con sus diversos acentos y consideraciones, subrayan claramente una verdad: el ser humano no muere completamente y para siempre; su vida está destinada a continuar, mediante la resurrección, y eso porque el amor que Dios nos tiene no nos puede fallar.

En el Antiguo Testamento, el libro de la Sabiduría es el que por primera vez ilumina claramente el tema del más allá. La interrogante sobre el destino del ser humano después de la muerte venía preocupando por largo tiempo a los pensadores israelitas, sobre todo después del destierro en Babilonia. La luz de Dios ilumina la inteligencia de su pueblo, primero con rayos fugaces y luego con una claridad matinal. Al principio se pensaba que tanto justos como pecadores bajaban después de la muerte indistintamente al "Sheol", imaginado como un reino de sombras; sombras que poseían apenas un hilo de vida y eran absolutamente incapaces aun de alabar a Dios. De ahí el tormento de los sabios de Israel: ¿El mismo destino espera a los buenos y a los perversos? El libro de la Sabiduría presenta una vida futura diferente para los justos y para los malvados: los primeros gozarán de la felicidad de Dios, en comunión con Él, en una vida inmortal. El destino de los malvados será totalmente otro.

En el Nuevo Testamento el tema llegará a una claridad meridiana con las palabras del mismo Jesucristo: "El que cree en mí, aunque muera, vivirá" (Jn 11,25); "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día" (Jn 6,54).

El recuerdo orante de nuestros difuntos, además de ser para ellos -como nos enseña la Iglesia- una ayuda para su purificación, en vista del encuentro pleno y total con Dios, nos orienta a vivir toda la riqueza de su experiencia humana y cristiana. Porque sería absurdo rezar por nuestros difuntos, si no nos sentimos estimulados a actualizar en nuestra propia experiencia personal lo mejor que nos han dejado en herencia quienes nos han precedido. La memoria debe convertirse en un estímulo para la vida, orientándola hacia el evangelio y hacia el seguimiento de Jesús.

Como cada vez que celebramos la Eucaristía, hoy muy especialmente pidamos al Señor que, así como ha llamado a todos estos hermanos nuestros a compartir ya la muerte de Jesucristo, los lleve también a compartir la gloria de su resurrección.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

DÍA DE "MUERTOS"