
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Cfr. Mal 3,1; 1 Crón 19,12 |
Miren que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad y el imperio.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella, diste a conocer en este día, a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
La gloria del Señor alborea sobre ti.
Del libro del profeta Isaías: 60,1-6
Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.
Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reunen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 71 |
R/. Toda la tierra ha visto al Salvador.
Comunica, Señor, al rey tu juicio,
y tu justicia al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente. R/.
Florecerá en sus días la justicia
y reinará la paz, era tras era.
De mar a mar se extenderá su reino
y de un extremo al otro de la tierra. R/.
Los reyes de occidente
y de las islas le ofrecerán sus dones.
Ante él se postrarán todos los reyes
y todas las naciones. R/.
Al débil librará del poderoso
y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre
y salvará la vida al desdichado. R/.
SEGUNDA LECTURA
También los paganos participan de la misma herencia que nosotros.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3,2-3.5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mt 2,2 |
R/. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorar al Señor. R/.
EVANGELIO
Hemos venido de Oriente para adorar al rey de los judíos.
+ Del santo Evangelio según san Mateo: 2,1-12
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel".
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo".
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
Se dice Credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que, bajo las apariencias de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento, él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
PREFACIO DE LA EPIFANÍA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvación darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar, Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, el misterio de nuestra salvación, para iluminar con su luz a todos los pueblos; ya que, al manifestarse tu Hijo en nuestra carne mortal, nos has restaurado con la gloria de su inmortalidad.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
En la solemnidad de la Epifanía, cuando se usa el Canon Romano, se dice Reunidos en comunión propio, que está en la pág. 116. En la Plegaria eucarística II se dice Acuérdate, Señor propio, que está en la pág. 132. En la Plegaria eucarística III se dice Atiende los deseos correspondiente, que está en la pág. 144.
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Cfr. Mt 2,2 |
Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que tu luz, Señor, nos guie y nos acompañe siempre para que comprendamos cada día más este sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con mayor amor. por Jesucristo, nuestro Señor.
LA ESTRELLA
"¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo". Con estas palabras se presentan en Jerusalén los magos de oriente. En el corazón de estos hombres hay un anhelo y una esperanza de encontrar al rey de los judíos, al Salvador. Por eso han emprendido este camino siguiendo la estrella; por eso preguntan: ¿Dónde está el rey de los judíos?
La fe de los magos, como la de los pastores de Belén, destaca sobre la fe del propio pueblo elegido y sus jefes, que, conociendo la palabra: "y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel", no son capaces de levantarse a buscar al Mesías, al Dios encarnado. Estos hombres llamados "magos" (que ya sabemos que no eran reyes ni magos en el sentido que le damos hoy a estas palabras) no sólo siguen las señales del cielo y de la vida que Dios les da; están abiertos al misterio divino. Quizá pensaban encontrar a un rey en un palacio, a alguien sentado en un trono, y encuentran a un niño pobre y desvalido en brazos de una humilde mujer. Y así, sin duda ni temor lo adoran y le ofrecen sus regalos.
¿Qué respuesta le darás a los hombres y mujeres que hoy te pregunten sobre Dios, así como los magos preguntaron hace dos mil años en Jerusalén? ¿Cuáles son las "estrellas", personas o acontecimientos, que dan sentido a tu vida? ¿Cómo puedes ser una "estrella" que lleve a otros a Dios? ¿Dónde puedes encontrar a Dios, que ha querido poner su morada entre nosotros?
En esta fiesta de la Epifanía del Señor, de la manifestación de la Salvación de Dios en Cristo Jesús, el Evangelio nos invita a ser "estrella" o señal para que otros emprendan este camino de la búsqueda de Dios, así como a tener el corazón abierto para descubrir a Dios en todas las cosas, sobre todo en los más pequeños.
* 1ª lectura: Isaías 60,1-6
Los capítulos 56-66 del libro de Isaías han sido tradicionalmente asignados a un profeta anónimo llamado Tercer Isaías, que habría escrito en el tiempo inmediatamente posterior al exilio, animando la restauración del país, denunciando graves delitos y predicando una salvación que, sin renunciar a la preeminencia de Israel, alcanza horizontes universalistas. Isaías 60 es un magnífico poema que canta precisamente, con entusiasmo nacionalista, la llegada de la luz sobre Jerusalén, pero al mismo tiempo describe la marcha de pueblos lejanos hacia la Ciudad Santa.
El v. 1 del texto hebreo no menciona el nombre de Jerusalén, aunque del contexto se deduce que el poema es dirigido a la ciudad. El doble imperativo: "levántate", "brilla", indica las consecuencias que trae la llegada de la gloria del Señor, que como una nueva aurora derrama su luz iluminando la ciudad. Desde el resto de la tierra, cubierta de tinieblas, se encaminan hacia Jerusalén reyes y pueblos, para gozar de su luz. Es claro el horizonte universal.
Se invita a la ciudad a echar una mirada a aquella peregrinación, que es motivo de gran gozo. Junto con pueblos lejanos, llegan también hebreos de la diáspora. Hacia la ciudad convergen gente de toda la tierra, trayendo sus tesoros como signo de adoración y vasallaje. La intuición del profeta es fundamental: el Dios de Israel es el Dios de todos los pueblos, cuya salvación no tiene límites ni en el espacio ni en la historia.
* 2ª lectura: Efesios 3,2-3.5-6
El Mesías esperado no es privilegio exclusivo de Israel, sino que ha sido enviado a todos los pueblos de la tierra. Éste es el gran "misterio", el proyecto divino "que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas" (Ef 3,5). El misterio se desvela a través del ministerio apostólico y profético de la comunidad de la nueva alianza. En el centro de este plan divino está Jesús-Mesías ("Jesucristo"), por quien todos los hombres comparten la misma herencia y son llamados a configurar el mismo Cuerpo de Cristo.
* 3ª lectura: Mateo 2,1-12
La visita de los magos de Oriente a Belén es una magnífica página teológica, llena de ricos símbolos cósmicos y teológicos, que presenta en forma narrativa la perspectiva universal de la salvación que llega al mundo con el nacimiento del Mesías. Mateo desea presentar cómo frente al mesianismo de Jesús se producen dos reacciones: una representada en la búsqueda humilde y perseverante de los magos; la otra, en el rechazo violento de Herodes y de Jerusalén.
Se interpreta teológicamente el nacimiento de Jesús a partir del lugar en donde ocurrió: "Jesús nació en Belén de Judá" (v. 1). Él es el Mesías, descendiente de David, originario de Belén. Ante su nacimiento, unos extranjeros del lejano Oriente se ponen en camino para rendirle homenaje. Son "magos", o mejor, personas dedicadas a la astrología o a la astronomía, que en aquella época coincidían. Buscan al Mesías dejándose guiar por la revelación de "su estrella", no sin antes pasar por Jerusalén para confrontar su viaje con la Escritura (v. 2).
Mateo probablemente se ha inspirado en el relato del profeta Balaam (Núm 22-24), quien en su oráculo sobre el pueblo de Israel en el desierto, vislumbra un rey futuro representado simbólicamente a través de una estrella (Núm 24,17). Balaam es llamado mago en los escritos de Filón de Alejandría y en la versión griega de los LXX proviene de Oriente (Núm 23,7).
Herodes y los jefes de Jerusalén, a pesar del testimonio de la Escritura, no llegan a reconocer la realidad mesiánica de Jesús. Para Herodes se trata de un rival peligroso que hay que eliminar. La alarma de los judíos, la reunión de los escribas, la inquisición a la que son sometidos los magos, anticipan el proceso al que será sometido Jesús antes de la Pasión (Mt 26,63; Mt 27,37).
Otras dos alusiones del Antiguo Testamento sirven de trasfondo al relato: el rey ideal que recibe dones de reyes de tierras lejanas (Sal 72,10.15) y la ciudad de Jerusalén, invadida de camellos y dromedarios, cargados de oro y de incienso, que llegan para dar gloria al Señor (Is 60,6). Se simboliza así el reconocimiento mesiánico de los pueblos no judíos. Al encontrar al niño, los magos experimentan una "inmensa alegría" (Mt 2,10). Es el gozo mesiánico de los gentiles que entran a formar parte de la Iglesia de Cristo.
SILVIO JOSÉ BÁEZ
UNIVERSALIDAD DE LA SALVACIÓN
Hoy celebramos la Epifanía del Señor, esto es, su manifestación a todos los pueblos. Esta fiesta nos recuerda que la salvación de Dios es universal. Dios se hizo hombre para librar del pecado a todos los seres humanos y hacerlos partícipes de la vida divina: Al manifestarse tu Hijo en nuestra carne mortal, nos hiciste participes de la gloria de su inmortalidad (prefacio). Hasta entonces la historia de la salvación había tenido como protagonista al pueblo judío. Con el nacimiento de Jesucristo se inaugura una nueva etapa en esta historia, la etapa definitiva, la etapa en la que Dios se revela también a los pueblos gentiles.
Las lecturas de hoy insisten en esta universalidad de la salvación:
* En la primera, a modo de profecía, Isaías narra cómo la gloria del Señor que amanecerá sobre Jerusalén es vista por todos los pueblos. La luz de esta gloria que reposa sobre la ciudad se alza como antorcha que guiará a todas las naciones: Caminarán los pueblos a tu luz.
* San Pablo, en el fragmento de la Carta a los efesios que leemos en la segunda lectura, afirma con fuerza cómo la salvación de Dios está destinada también a aquellos que no pertenecen al pueblo judío: también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y participes de la misma promesa en Jesucristo.* El evangelio nos relata la adoración de los magos, representantes de los pueblos paganos, que reconocen en Jesucristo al Hijo de Dios, al Mesías, al Salvador del mundo. En ellos se hacen realidad ya las palabras que hemos repetido en el salmo responsorial: Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
LA FIESTA DE LOS REYES MAGOS
La Epifanía del Señor es conocida popularmente como la fiesta de los Reyes Magos. Para los fieles tiene una relevancia mayor el hecho de que los magos ofrecieran regalos al niño, que el acontecimiento de la revelación del Salvador del mundo a los pueblos de toda raza, lengua y condición. Este planteamiento de la fiesta de la Epifanía queda reforzado por la tradición de que "los reyes magos" siguen dando regalos a los niños. No es fácil, pues, cambiar la perspectiva. Sin embargo, habrá que intentarlo recordando que el mayor regalo que hemos recibido es el don que Dios Padre ha concedido a la humanidad con el nacimiento entre nosotros del Emmanuel (Directorio de la Piedad Popular 118).
LA BÚSQUEDA DEL DIOS QUE SE NOS HA REVELADO
El evangelio que se proclama este día nos ofrece una bella catequesis sobre el camino de la conversión.
Siempre hay una persona, un acontecimiento, una palabra, una llamada interior que provoca la búsqueda de Dios. La estrella hace que los magos se pongan en camino: Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo. La búsqueda no es fácil. Las señales que nos guían no siempre son claras, a veces desaparecen, surgen dificultades, aflora el cansancio... Cuando los magos viven esta situación no se dan por vencidos sino que solicitan ayuda: ¿Dónde está el rey de los judíos?, preguntan a Herodes. Muchas veces, quien menos pensamos, nos señala el camino o nos da el consejo apropiado. Herodes indica a los magos dónde iba a nacer el Mesías: En Belén de Judá; sin embargo, él no se pone en búsqueda. Según se va echando el pie hacia el vacío va apareciendo el suelo, no al revés. Los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que hablan visto surgir, comenzó a guiarlos.
Finalmente se llega a la ansiada meta: se encuentra al Señor. La estrella se detuvo encima de donde estaba el niño. Quizá descubramos al Señor donde menos nos imaginamos o en formas insospechadas. En un niño, pequeño, frágil, débil, los magos supieron ver a Dios.
El encuentro con el Señor llena de paz y de alegría. También a los magos les invadió esa inmensa alegría, dice el texto evangélico. El encuentro con el Señor modifica la escala de valores pasando él a ocupar el centro de nuestro corazón, estimando todo lo demás basura como dice san Pablo. Los magos le ofrecen al niño sus tesoros más preciados: oro, incienso y mirra. El encuentro con el Señor transforma la existencia. Quien ha visto la luz de Dios ya no vive de la misma manera, su camino a recorrer es otro. Los magos regresaron a su tierra por otro camino.
ALGUNAS PARTICULARIDADES DE LA CELEBRACIÓN
En la Eucaristía de hoy sería bueno anunciar, tras el evangeiio, el calendario de las fiestas movibles del año, de tal modo que se manifieste la unidad de la Navidad con la Pascua.
La Plegaria eucarística, que hoy podría ser el Canon Romano, tiene un embolismo propio para esta solemnidad (también en las Plegarias II y lII lo encontramos).
Al terminar la Misa podría darse a venerar la imagen del niño Jesús, mientras se cantan villancicos. Esta adoración viene refrendada por el propio evangelio donde escuchamos cómo los magos entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron.
JOSÉ ANTONIO GOÑI
El cuidadoso lenguaje de San Pablo en su carta circular, oficialmente destinada a la comunidad de Éfeso (segunda lectura), puntualiza el contenido teológico de esta solemnidad, particularmente apreciada en las liturgias orientales: el misterio que celebramos nos recuerda "que los paganos son llamados en Cristo Jesús a participar de las promesas divinas por medio del evangelio" (Ef 3,6). Lo que Pablo afirma en ese pasaje y vivió con pasión en su actividad misionera está formulado de manera simbólica y narrativa en los dos cuadros luminosos y llenos de colorido de Isaías 60 y Mateo 2.
Hacia Jerusalén, revestida de luz, símbolo de la presencia del Señor, converge un río de personas provenientes de los cuatro puntos cardinales, proclama el profeta (primera lectura). La intuición deslumbrante de Is 2,2-5 es desarrollada por el autor del capítulo 60 en un canto coral y un mensaje de universalismo. El autor se había atrevido ya a romper las rígidas barreras del gueto exclusivista e integralista de Israel, cuando en el c. 56 escribía: "A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo y para amar su nombre los conduciré a mi monte santo y los alegraré en mi casa de oración" (56,6-7).
De ahí está tomado el esquema del relato evangélico, un texto probablemente muy cercano a la primera teología elaborada por la Iglesia primitiva, pero distante de ser una página destinada al gusto pintoresco de los niños, a quienes hoy día parece más bien destinada esta fiesta.
Bajo la superficie vivaz y fuertemente oriental del relato, cuyos contornos históricos no es fácil descifrar, hay toda una trama de referencias bíblicas, de temas teológicos y de alusiones pastorales.
Encontramos allí el tema fundamental de la luz, símbolo de la presencia y de la revelación de Dios a la humanidad; tema representado aquí por la estrella, una imagen ya presente en la teología mesiánica del AntiguoTestamento (Crf. Nm 24,17). Podemos pensar también en la vinculación insistente que se hace de "el Niño" con "su Madre" (Mt 2,11.13.14); en la evocación de "toda Jerusalén" (2,3), como una síntesis del rechazo de Cristo; en el conocimiento inútil de las Escrituras por parte de aquéllos que saben la verdad sobre el nacimiento del Mesías, pero no saben reconocer al verdadero Mesías (2,5-6).
Tenemos allí sobre todo la figura central de los magos, encarnación de la sabiduría y de la cultura que busca con un corazón sincero; en ellos se cumple anticipadamente la palabra de Jesús: "Vendrán muchos de oriente y de occidente y se sentarán a la mesa... en el Reino de los cielos" (Mt 8,11). Podemos pensar, además, en el tema de la "inmensa alegría" y de la adoración de los paganos, que entran en la casa del Señor, es decir en la Iglesia, desde los principios (2,11). Y podemos pensar, finalmente, en el violento contraste entre los dos reyes: el "rey Herodes" (vv. 1.7.12) y "el rey de los judíos que ha nacido"(v. 2), signo de la profunda división entre el bien y el mal introducida por Jesús.
Tenemos, pues, aquí una página de teología refinada; un mensaje gozoso de apertura, de esperanza, de amor apasionado a todos los valores presentes en la humanidad; una invitación al diálogo y a dar testimonio, a la inserción en el mundo, para ser allí como la levadura que hace fermentar la masa.
Que, al celebrar nuestra Eucaristía en esta hermosa fiesta del Señor, nos ayude Él a ser para todos nuestros hermanos personas que aman las cosas del mundo en su verdadero valor y realidad, mientras que les of recemos la vitalidad inagotable que Cristo nos trae a nosotros y a toda la familia humana.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
NI QUE FUÉRAMOS MAGOS