
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 95,3-4 |
Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones, porque grande es el Señor y digno de toda alabanza.
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, que has querido que tu Iglesia sea sacramento de salvación para todos los hombres, a fin de que la obra redentora de tu Hijo perdure hasta el fin de los tiempos, haz que tus fieles caigan en la cuenta de que están llamados a trabajar por la salvación de los demás, para que todos los pueblos de la tierra formen una sola familia y surja una humanidad nueva en Cristo nuestro Señor, que vive y reina contigo...
PRIMERA LECTURA
Vendrán numerosos pueblos a buscar al Señor en Jerusalén.
Del libro del profeta Zacarías: 8,20-23
Esto dice el Señor de los ejércitos: "Vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades. Y los habitantes de una ciudad irán a ver a los de la otra y les dirán: 'Vayamos a orar ante el Señor y a implorar la ayuda del Señor de los ejércitos'. 'Yo también voy'. Y vendrán numerosos pueblos y naciones poderosas a orar ante el Señor Dios en Jerusalén y a implorar su protección".
Esto dice el Señor de los ejércitos: "En aquellos días, diez hombres de cada lengua extranjera tomarán por el borde del manto a un judío y le dirán: 'Queremos ir contigo, pues hemos oído decir que Dios está con ustedes' ".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 66 |
R/. Que todos los pueblos conozcan tu bondad.
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvadora. R/.
Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones. R/.
La tierra ha producido ya sus frutos,
Dios nos ha bendecido.
Que nos bendiga Dios
y que le rinda honor el mundo entero. R/.
SEGUNDA LECTURA
La fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la palabra de Cristo.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 10,9-18
Hermanos: Basta que cada uno declare con su boca que Jesús es el Señor y que crea en su corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, para que pueda salvarse.
En efecto, hay que creer con el corazón para alcanzar la santidad y declarar con la boca para alcanzar la salvación. Por eso dice la Escritura: Ninguno que crea en él quedará defraudado, porque no existe diferencia entre judío y no judío, ya que uno mismo es el Señor de todos, espléndido con todos los que lo invocan, pues todo el que invoque al Señor como a su Dios, será salvado por él.
Ahora bien, ¿cómo van a invocar al Señor, si no creen en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír hablar de él, si no hay nadie que se lo anuncie? ¿Y cómo va a haber quienes lo anuncien, si no son enviados? Por eso dice la Escritura: ¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que trae buenas noticias!
Sin embargo, no todos han creído en el Evangelio. Ya lo dijo Isaías: Señor, ¿quién ha creído en nuestra predicación? Por lo tanto, la fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la palabra de Cristo.
Entonces, yo pregunto: ¿Acaso no habrán oído la predicación? ¡Claro que la han oído!, pues la Escritura dice: La voz de los mensajeros ha resonado en todo el mundo y sus palabras han llegado hasta el último rincón de la tierra.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mt 28,19.20 |
R/. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor, y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. R/.
EVANGELIO
Prediquen el Evangelio a todas las creaturas.
+ Del santo Evangelio según san Marcos: 16,15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos".
El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, como aceptaste la gloriosa pasión de tu Hijo, dígnate aceptar también por la salvación del mundo, los dones y plegarias de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Mc 16,15 |
Vayan por todo el mundo a proclamar la buena nueva a todas las naciones, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Señor, que la participación en tu mesa nos santifique y que la redención que tu Hijo consumó en la cruz, sea recibida con gozo en todo el mundo por medio del sacramento de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
A PROCLAMAR Y HACER VIDA EL EVANGELIO
"Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios" (Mc 1,1). Con estas palabras, Marcos comienza su evangelio. De entrada quiere dejar claro que Jesús -todo lo que dijo e hizo- es Evangelio, buena noticia (euaggelion: eu, "bien" y aggello: "anunciar": buena noticia). Unos versículos más adelante, vemos que Jesús se va a Galilea y ahí proclama la buena noticia: "El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio" (Mc 1,15). De ahí en adelante, encontramos a Jesús entregado a la gente, sanando toda enfermedad y dolencia (Cfr. Mc 1,29-32; 40-45), perdonando (Mc 2,5), ofreciendo su amistad a pecadores y publicanos (Mc 2,16) y dando vida a todos (Mc 3,1-5). Esto, por supuesto, no se dio sin conflictos. Al poco tiempo de que Jesús empezó su misión, ya había grupos que estaban inconformes con la buena noticia y buscaban el modo de frenar o, incluso, de dar a muerte a Jesús: "los fariseos se pusieron de acuerdo con los herodianos para planear el modo de acabar con él" (Mc 3,6). Jesús no quita el dedo del reglón en su afán de dar vida y de anunciar que Dios es Padre y que ofrece un reino de justicia y fraternidad. Más aún, involucra a otros en esta tarea: "Designó a Doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar demonios" (Mc 3,14-15).
El evangelio de este domingo está tomado del último capítulo de Marcos. Jesús, en su nueva presencia de resucitado, se presenta a los Once y les dice: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura". Estos hombres que conocieron de cerca de Jesús, que lo vieron trabajar y hacer el bien sin distinción de personas, están llamados a proclamar y hacer vida el Evangelio. Esta misión será acompañada de milagros o signos, tal como lo hizo Jesús. Estos hombres no son sino los continuadores de la misión de Cristo. Así lo dice Marcos al final de su evangelio: "Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían".
En este Domingo mundial de las misiones sería bueno preguntarnos: ¿De qué manera transmito o comunico a los demás la alegría del Evangelio? ¿Qué tan solidario soy con aquellas personas u obras que se dedican a llevar el Evangelio a tierras lejanas?
* 1ª lectura: Zacarías 8,20-23
La lectura de hoy está integrada por dos oráculos en los que se describe a todos los pueblos de la tierra y no sólo a los judíos, volcándose sobre Jerusalén, la Nueva Jerusalén de los tiempos mesiánicos, el centro de atracción de todos los gentiles, que vendrán a "orar" ante el Señor y a "implorar la ayuda del Señor de los ejércitos" ("consultar a Yahvé"), es decir, a encontrarse con el único Dios de cielos y tierra por los dos únicos caminos convergentes: el conocimiento y el amor, la revelación y la oración. Así ha sido. Aunque su modo de realización haya sido muy distinto a como hubiera podido imaginárselo aquella generación.
El último oráculo es todo un Evangelio puesto en boca de los gentiles: "Queremos ir contigo, pues... Dios está con ustedes": se trata de la Iglesia medianera y misionera. Testimonio viviente de la presencia de Dios entre los hombres. Iglesia que no cumplirá plenamente su misión mientras su faz no tenga tersor y atractivo capaces de ilusionar a los pueblos, a "diez por cada uno", que la "tomarán por el borde del manto", con premura e insistencia, con la necesidad de unirse al Dios de ella, porque en ella Dios se refleja como en bien pulido espejo, realizando así la verdadera salvación humano-divina querida por Dios.
* 2ª lectura: Romanos 10,9-18
La lectura está tomada del capítulo en que se prueba que los judíos son culpables de su incredulidad, toda vez que conocieron, por la predicación apostólica, la realidad de la salvación por la fe.
En este contexto la lectura contiene un breve desarrollo de los elementos esenciales del acto de fe y de la evangelización que lo hace posible. He aquí cómo se articula su pensamiento:
1° La fe es el principio de salvación (todo el que crea en él...).
2° El acto de fe comporta dos momentos esenciales: la adhesión interna y la confesión externa.
3° La invocación (confesión externa), exige un previo acto interno de fe, acto que es imposible sin una anterior notificación del misterio de Cristo.
4° Esta notificación se verifica en la predicación evangélica.
5° La evangelización recibe su fuerza salvadora de la misión oficial conferida por Cristo. Sin embargo, esta eficacia salvadora de la evangelización no excluye la posibilidad del endurecimiento del corazón humano y la incredulidad, como fue el caso de los judíos.
* 3ª lectura: Marcos 16,15-20
Las últimas palabras de Jesús a los suyos contienen la misión apostólica a toda la gente, anunciada con claridad en otros pasajes del Evangelio (Cfr. Mc 13,10; 14,9; Mt 28,18-20; Lc 24,47). Esta urgente misión (Cfr. 1 Cor 9,16) fue cumplida eficazmente por los discípulos del Señor (Cfr. Mc 16,10; Col 1, 23; 1 Tim 2,6-7). La condición, que se impone a los que quieren beneficiarse de la "buena noticia" de la salvación, es doble: creer y bautizarse (Cfr. Jn 3,18; Hech 2,38; 16,31.33). Estas dos cosas han de entenderse íntimamente compenetradas; se trata de la fe viva y operante, completada en el plano del signo sacramental por el bautismo regenerador (Cfr. Gal 3,26s). No basta, sin embargo, el celo apostólico para que la salvación llegue a todos los hombres. Éstos pueden rechazar la fe y ser, en consecuencia, condenados. Una vez más se verifica que nadie puede llegar hasta Jesús si el Padre que lo envió, no lo atrae (Cfr. Jn 6,44).
La amenaza contra los "incrédulos" hay que entenderla en su contexto: efectivamente, no se dice que el que no se bautiza se condena, sino solamente que serán condenados los que se nieguen a creer (apistein). Aquí claramente se está pensando en una actitud de obstinación culpable frente al asalto de la fe, y no se alude a los "no creyentes" en el sentido moderno de la palabra.
El ambiente carismático, reflejado en el texto, hace pensar en una comunidad mucho más primitiva y menos institucionalizada que la que se ve a través del Evangelio de Mateo. Aquí, en efecto, se habla de "hacer discípulos", de observar los mandamientos de Jesús. Esto significa que incluso la adición final del segundo evangelio pertenece a un estado primitivo de las comunidades cristianas. Esto corresponde muy bien a la condición histórica, psicológica, etc., de una comunidad judeocristiana helenista de Cesarea en los años 50 de nuestra era.
Como en Lucas 24, 51, Jesús sube al cielo inmediatamente después de haber impartido a los discípulos las indicaciones finales: para describir esto se usan expresiones delAntiguo Testamento tomadas de la historia de Elías (2 Re 2,11) y del Salmo 109 (110).
PEDRO FRANQUEZA
Aunque la homilía se base normalmente en la Palabra de Dios proclamada en la celebración, sin embargo, en las celebraciones como la de hoy, que por así decirlo, tienen un "tema" unitario como en los tiempos fuertes y en las fiestas principales, al prepararlas hay que tener también en cuenta las otras partes de la celebración, que son reveladoras de su espíritu o de su finalidad. De manera especial ayudan a encontrar este espíritu las oraciones, principalmente la colecta y el prefacio.
Al preparar, pues, la homilía de este Domingo mundial de las misiones leamos y meditemos las oraciones de las Misas "por la evangelización de los pueblos" (Misal Romano, pp. 750-752), no sólo las escogidas para la celebración de hoy, sino todas.
Asimismo, nos podrá iluminar muy ricamente una relectura del cap. I del decreto conciliar Ad Gentes "Sobre la actividad misionera de la Iglesia". Igualmente, el cap. II de la 2a. parte del Documento de Puebla: "¿Qué es evangelizar?" (de manera especial los nn. 347-384).
La celebración de hoy es ocasión muy apta para meditar en la naturaleza de la Iglesia, y en el sentido de los derechos y deberes de nuestra pertenencia a ella.
Las ideas básicas podrían ser:
- Cristo es misionero, el primero y fundamental.
- La Iglesia es, por su misma naturaleza, misionera.
- Cada cristiano debe ser misionero.
No olvidar que "misión" significa al mismo tiempo: el hecho de enviar, la delegación o envío para ejercer una función, y la función misma o el ejercicio del ministerio para el que ha sido enviado.
CRISTO ES EL PRIMER Y FUNDAMENTAL MISIONERO
"En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él" (1 Jn 4,9).
El Señor Jesús lo afirmó de sí mismo en la sinagoga de Nazaret cuando leyó el texto de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva...". Y luego dijo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír" (Cfr. Lc 4,18-21).
Es el Hijo, enviado del Padre; es el Cristo, el Ungido por el Espíritu para ser salvador y redentor.
¿CÓMO DEBE ENFOCARSE LA HOMILIA?
No sólo la homilía, sino todos los demás elementos "catequizadores" de la celebración -introducción, moniciones, cantos, etc.- deben tener gran unidad y llevar al pueblo a su concientización y a su toma de responsabilidad en este campo.
(Nota: La preparación de la homilía de este domingo es una ocasión muy buena para leer [siempre encontraremos algo "nuevo"] el documento conciliar sobre las misiones, el decreto Ad gentes y, más ampliamente sobre la evangelización, la Evangelii nuntiandi de Pablo VI; también el capítulo segundo de la 11 parte del Documento de Puebla: "¿Qué es evangelizar?", nn. 342-384).
Tratemos de asimilar estas ideas y traduzcámoslas a nuestro pueblo en su lenguaje y según sus necesidades.
LA IGLESIA MISIONERA
Jesús dice a los discípulos en el evangelio de Mateo: "Vayan y enseñen a todas las naciones, bautizándolas... y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado..." (28,19-20), Y en el de Juan, el mismo día de la resurrección: "Como el Padre me ha enviado, así también los envio yo" (20,21).
"Nace así la Iglesia... bajo el soplo potente del Espíritu Santo, que impulsa a los Apóstoles a salir del cenáculo y a comenzar su misión. Se dirigen a los hombres y se ponen en camino para hacer discípulos de todas las naciones. La Iglesia aparece, por lo tanto, desde el primer momento de su constitución, como la comunidad de los discípulos cuya razón de ser es la actuación en el tiempo de la misión del mismo Cristo: la evangelización del mundo" (Juan Pablo II, discurso del Domund 1985).
CADA CRISTIANO DEBE SER MISIONERO
La Iglesia es la comunidad de los creyentes, de los que, unidos a Cristo por el bautismo, participan de su misma misión.
En esa comunidad hay carismas distintos, funciones distintas, sin embargo, la vocación misionera es común a todos. Varía la forma de realizarla, es decir, el modo de cooperar al crecimiento de este árbol vivo que es la Iglesia; en este árbol hay partes distintas, pero todas -raíces, ramas, hojas, flores, etc.- tienen que cooperar a su permanencia y expansión.
"Todos, indistintamente, están llamados a realizar, según su propia vocación especifica y sus propias condiciones y posibilidades, la misión del Redentor (Cfr. Ad Gentes, 28). Todos deben sentirse comprometidos en el único mandamiento misionero: abrir espacios en el mundo a la Buena Nueva que nos ha anunciado Cristo, para que se cumpla la profecía del salmista: 'A toda la tierra ha llegado su pregón y su mensaje hasta el fin del mundo' (Salmo 18,5)... También a los seglares corresponde el arduo deber de evangelizar en profundidad el tejido social y cultural en el que viven, tanto en los países a los que no ha llegado aún el anuncio de la fe, como también en los países donde el cristianismo tiene urgente necesidad de ser revitalizado, para adquirir una nueva y más incisiva fuerza de penetración" (Juan Pablo II, discurso del Domund 1985).
Convendría, también, destacar las varias posibilidades de cooperar a las misiones en su sentido estricto:
- Atender al llamado del Señor al trabajo misionero ingresando en un instituto religioso que tenga esa finalidad.
- Como laicos, cooperar en un trabajo misionero, asociados a sacerdotes o religiosos, de por vida o por un tiempo específico.
- Trabajar en alguna de las Obras Misioneras Pontificias. - Desde la vida y el trabajo de cada día, cooperar a las misiones con la oración, con las buenas obras, con la limosna.
EQUIPO LITÚRGICO DE MÉXICO
Celebramos hoy el domingo mundial de las misiones, en el que recordamos la vocación misionera de la Iglesia, y le pedimos al Señor que nos ayude a vivirla plenamente; puesto que todos nosotros somos Iglesia y participamos en esa vocación. Al mismo tiempo, queremos dar el apoyo y solidaridad de nuestra oración a todos aquellos que han consagrado su vida a anunciar la Buena Nueva de Jesús entre quienes aún no la conocen.
Al pensar en el mensaje del AntiguoTestamento, a veces tendemos a identificarlo con un espíritu nacionalista y exclusivista, que sólo pensaba en las prerrogativas del pueblo judío, el pueblo "elegido" por Dios. Eso puede haberse dado en algunos sectores del pueblo de Israel y en algunas épocas de su historia; pero no representa plenamente la autoconciencia de Israel de ser un 'pueblo sacerdotal', que tenía como misión hacer llegar el amor de Dios a todos los pueblos de la tierra.
Ese carácter universalista de la voluntad divina de salvación se expresa con fuerza en no pocos textos proféticos del Antiguo Testamento; así, por ejemplo, en el texto de Zacarías, escogido como primera lectura para hoy (Zac 8,20-23).
Pueblos y habitantes de muchas ciudades de todo el mundo se animarán mutuamente para ir al nuevo templo de Jerusalén y buscar ahí al Señor, el Dios único, y adorarlo (vv. 20-22). La expresión "buscar al Señor" es frecuente en los textos de después del destierro, para indicar la fe y una vida religiosa auténtica (Cfr. 1 Cr 22,19).-Muchos "asirán por el borde del manto a un judío" (v. 23). La expresión indica búsqueda de ayuda y protección, y también el deseo de pertenecer al judaísmo; "dar el manto", "extender el manto", son gestos de profunda solidaridad (Cfr. 1 Sa 18,4; Rut 3,9). "La salvación viene de los judíos', le dirá Jesús a la samaritana (Jn 4,22); pero con la reconstrucción del templo de Jerusalén -dice el profeta Zacarías- la salvación se ofrece a todos los hombres y mujeres del mundo.
En su Carta a los Romanos (segunda lectura), San Pablo afirma claramente la universalidad del plan divino de salvación: «No hay distinción entre judío y griego, pues uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los que le invocan... todo el que invoque el nombre del Señor se salvará» (Rm 10,12-13). Pero, para que ese plan divino se haga realidad, Dios ha querido contar con la colaboración humana. De ahí el entusiasmo y el empeño evangelizador de la Iglesia, que también describe San Pablo en este capítulo de su carta (vv. 14-15).
El pasaje del evangelio que hoy leemos es el final del evangelio de Marcos. Según este pasaje de San Marcos, Jesús resucitado se aparece a sus discípulos no tanto para consolarlos, cuanto para confiarles la responsabilidad de la misión (Mc 16,15). Esa responsabilidad es tan grande que solamente se salvará quien acepte el evangelio; es decir, quien acepte el testimonio que darán los apóstoles de lo realizado en Jesús y por Jesús (v. 16). Jesús les da también a sus apóstoles los medios concretos para dominar las fuerzas hostiles al Reino (vv. 17-18).
En nuestra celebración de la Eucaristía, el Señor nos invita de nuevo a todos a ser colaboradores suyos en esta misión que Él mismo recibió del Padre. Pidamos que, como miembros de la Iglesia, seamos capaces de dar testimonio de su amor con nuestras palabras y con nuestra vida.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
DEBER MISIONERO DE TODOS
(Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia, n. 36. Concilio Vaticano II)