DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
12 de abril 2009, Ciclo B
Misa del día

Cristo Resucitado

Propio     Comentario     Nota exegética     Orientaciones para la celebración

Proyecto de homilía     Dios Hoy




Casulla Verde

ANTÍFONA DE ENTRADA Lc 24,34; Cfr. Apoc 1,6

El Señor ha resucitado. Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad.


Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo venciste a la muerte y nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar también a una nueva vida, renovados por la gracia del Espíritu Santo. Por nuestro Señor Jesucristo...


PRIMERA LECTURA

Hemos comido y bebido con Cristo resucitado.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 10,34.37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.

El nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados".
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 117

R/. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Te damos gracias, Señor,
porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
"Su misericordia es eterna". R/.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho. R/.

La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente. R/.

SEGUNDA LECTURA

Busquen los bienes del cielo, donde está Cristo.

De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses: 3,1-4

Hermanos: Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.
Palabra de Dios.

O bien:

Tiren la antigua levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 5,6-8

Hermanos: ¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad.
Palabra de Dios.

SECUENCIA
(Sólo el día de hoy es obligatoria; durante la octava es opcional)

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado,
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la vida,
triunfante se levanta.

"¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?"
"A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mí amor y mí esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua".

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. 1 Cor 5,7-8

R/. Aleluya, aleluya.

Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua. R/.

EVANGELIO ***

Él debía resucitar de entre los muertos.

+ Del santo Evangelio según san Juan: 20,1-9

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.

O bien:

Jesús de Nazaret, que fue crucificado, resucitó.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 16,1-7

Transcurrido el sábado, María Magdalena, María (la madre de Santiago) y Salomé, compraron perfumes para ir a embalsamar a Jesús. Muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, se dirigieron al sepulcro. Por el camino se decían unas a otras: "¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?" Al llegar, vieron que la piedra ya estaba quitada, a pesar de ser muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven, vestido con una túnica blanca, sentado en el lado derecho, y se llenaron de miedo. Pero él les dijo: "No se espanten. Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado. Miren el sitio donde lo habían puesto. Ahora vayan a decirles a sus discípulos y a Pedro: 'El irá delante de ustedes a Galilea. Allá lo verán, como él les dijo' ".
Palabra del Señor.

O bien, en las misas vespertinas del domingo:

Quédate con nosotros, porque ya es tarde.

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 24,13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: ''¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Regocijados con la alegría de la Pascua, te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de un modo admirable. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO I DE PASCUA

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

Porque Él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Si se usa el Canon Romano, se dicen Reunidos en comunión y Acepta, Señor, en tu bondad propios. En la Plegaria eucarística II, se dicen Acuérdate, Señor y la intercesión particular propios. En la Plegaria eucarística III, se dicen Atiende los deseos y la intercesión particular correspondientes.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN 1 Cor 5,7-8

Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno, para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda llegar a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Para despedir al pueblo, durante toda la octava se dice:

Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.

R/. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

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Si tú quieres

VER Y CREER

"Señor, quisiéramos ver a Jesús", es la petición que le hacen algunos griegos a Felipe, el de Betsaida de Galilea (Cfr. Jn 12,20-33, 5° Domingo de Cuaresma). No le dicen "háblanos de él", "platícanos", "dinos quién es"... sino "quisiéramos ver a Jesús". El evangelio de este domingo nos narra una experiencia de resurrección: María Magdalena va al sepulcro y encuentra removida la piedra donde habían sepultado a Jesús. Corre a la casa donde estaban Simón Pedro y las el discípulo amado y les da la noticia: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto". Estos dos, que conocieron tan de cerca a Jesús, que lo acompañaron en su misión, corren hacia el sepulcro... y, gran sorpresa, el sepulcro está vacío. Sólo quedan los lienzos en el suelo y el sudario doblado en otra parte. Del discípulo amado se dice que "vio y creyó"... Pero, ¿qué vio? ¿Qué experimentó ese discípulo? ¿Qué lo hizo creer? El texto no da muchos datos. Jesús no se presenta, como a Tomás, mostrando sus manos y el costado (Jn 20,24-29), ni como aquel que prepara un desayuno a las orillas del lago (21,1-14)... Sólo están ahí los lienzos, la tumba vacía... signos que llevan al discípulo a ver más allá y a creer, a tener la certeza y experimentar en su vida que Jesús ha resucitado.

¿Cuáles son los signos de resurrección que veo en mi familia, en mi comunidad, en mi propia vida? ¿En qué cosas he visto o experimentado a Jesús mismo? ¿Qué cosas me han ayudado a cimentarme más en la fe? ¿Cómo puedo yo ayudar a otros a encontrarse con Jesús resucitado?

Abramos bien los ojos, abramos el corazón... Celebremos todos esos signos de esperanza y resurrección... Cantemos llenos de gozo... ¡Jesús ha resucitado! Nosotros lo hemos visto y creemos en él.

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Hechos 10,34.37-43

En casa del centurión Cornelio, Pedro pronuncia un auténtico discurso kerigmático. Inicia a partir de datos históricos conocidos por todos, mencionando el Bautismo de Jesús y su ministerio en Galilea (vv. 37-38). A estos datos históricos, añade la fuerza del testimonio personal: "Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén" (v. 39a). Como conclusión de la historia terrena de Jesús, Pedro recuerda el hecho sangriento e injusto de la cruz: "Lo mataron colgándolo de la cruz" (v. 39b).

A continuación proclama que, en abierto contraste con la injusticia cometida por los hombres, Dios ha intervenido resucitando a Jesús: "Dios lo resucitó al tercer día" (v. 40). Éste es el gran anuncio de la novedad pascual. Dios ha hecho justicia a su Mesías, a sus opciones y a sus actos de liberación, glorificándolo a través de la resurrección. Después de refrendar nuevamente el anuncio con el testimonio personal: "nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó" (v. 41), el discurso kerigmático concluye con la proclamación del don de la salvación de Cristo: "cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados" (v. 43).

* 2ª lectura: Colosenses 3,1-4

El autor de la Carta a los colosenses presenta el Misterio Pascual y la existencia cristiana en clave de exaltación, utilizando la simbología espacial que coloca el mundo de la trascendencia en lo alto y la existencia humana abajo. Ya que Cristo Resucitado está "arriba", "sentado a la derecha de Dios", se exhorta a los bautizados que "han resucitado con Cristo", a "poner todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra".

El mundo de arriba es la condición gloriosa de Cristo, el hombre nuevo; la tierra indica el mundo de abajo, el hombre viejo. El bautizado ha muerto en Cristo al pecado y ha nacido a una vida nueva (Cfr. Rom 6,2-7). Su nueva existencia, sin embargo, está "escondida con Cristo en Dios", vivida y percibida sólo en la fe; pero un día se manifestará en toda su gloria junto al Cristo glorioso.

* 3ª lectura: Juan 20,1-9

Juan presenta la Resurrección a través de los signos de la presencia del Resucitado y por medio de los diversos encuentros de Cristo con sus discípulos. Los relatos pascuales representan la toma de conciencia progresiva de la comunidad, de que la cruz no ha sido un evento de derrota y de humillación, y de que la Resurrección es el inicio de la vuelta de Cristo al Padre y de su nueva presencia en medio de los suyos.

El primer día de la semana, María Magdalena va al sepulcro. A diferencia de los relatos de la tradición sinóptica, María va sola, no entra en la tumba, ni encuentra ángeles, ni recibe ningún anuncio. Solamente "vio removida la piedra que lo cerraba" (v. 1). Luego corre a llevar la noticia a Pedro y al discípulo amado (v. 2a). Sus palabras: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto" (v. 2b), no es todavía un verdadero anuncio pascual, pero es ya el primer dato que conmueve al grupo de Jesús aquella mañana y que empuja a los discípulos a confrontarse con el hecho.

Pedro y el otro discípulo van corriendo al sepulcro. Juan subraya la importancia de las dos figuras en el momento inicial de la fe pascual. Según el Deuteronomio, los testigos de un hecho deben ser dos (Deut 19,15). "Corriendo juntos", aunque cada uno vive en modo personal su experiencia de búsqueda de los signos visibles del Señor. El discípulo amado "corrió más aprisa", movido por su intuición amorosa, él ha sido el predilecto de Jesús, estuvo junto a él en la Cena y al pie de la cruz; Pedro va más lento, es el encargado del grupo y probablemente su carrera encarna el peso de la responsabilidad y de la institución eclesial.

El discípulo amado llega al sepulcro, ve pero no entra; después llega Pedro y constata que todo está en perfecto orden dentro. El sepulcro, las vendas y el sudario son signos de que Jesús ha sido liberado de la muerte, aunque no constituyen una prueba en el pleno sentido de la palabra. Después entra el otro discípulo, "vio y creyó", o mejor, según un matiz posible de la forma verbal griega del verbo pistéuo: "comenzó a creer". Se abre a la fe, a través de unos signos visibles, pero no es todavía la fe completa en la resurrección.

"Hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos" (v. 9). Después de aquel primer paso, será necesario el encuentro personal con el Señor Resucitado y que reciban de él el don del Espíritu para llegar a la nueva comprensión de las Escrituras.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

LA "NOCHE", EL "DÍA", EL "TIEMPO"

El embolismo del "Reunidos en comunión" de la Plegaria eucarística I, y equivalentemente el de las otras tres Plegarias eucarísticas (y el prefacio I de Pascua), señala la diferencia existente entre la Noche Pascual y las celebraciones del día de Pascua: en la primera se dice "para celebrar la noche santísima", en el segundo se dice "para celebrar el día santísimo". Por otro lado, esta expresión "día" se mantendrá durante toda la primera semana de Pascua, para dar paso después a "tiempo" (en el prefacio I de Pascua). Este dato tan sencillo sirve para situar la liturgia del Domingo de Pascua:

a) no es la primera celebración pascual, puesto que la Vigilia ha sido ya el estallido de la fiesta;

b) es el "primer día" de un día/semana: la liturgia de la primera semana de Pascua es tratada litúrgicamente como la del día de Pascua;

c) es el inicio de un tiempo que durará cincuenta días, y que pide ser celebrado como un solo día festivo.

Estas dimensiones del Domingo de Pascua llevan, en la práctica, a no plantear la liturgia de este día de una manera aislada, ni respecto a la Vigilia, ni respecto a la semana y la cincuentena. Esto se notará en la solemnidad externa, en la ornamentación, en los cantos, en la homilía. No se trata de "repetir" lo que es propio de la Vigilia en beneficio de los que no han participado en ella, pero sí hacer referencia, considerando que la Noche y el Día de Pascua no son celebraciones alternativas, sino momentos diversos de una misma fiesta.

"EL DÍA DEL TRIUNFO DEL SEÑOR"

La predicación pascual nos encara, cada año, con los orígenes mismos de la predicación cristiana. Es una cuestión de contenido, y también una cuestión de "tono". La lectura primera y las segundas del domingo de Pascua son clásicas como paradigma de la predicación pascual. La primera es claramente kerigmática: Pedro habla en casa de Cornelio anunciando sintéticamente todo el misterio de Jesús y de la Iglesia, desde el Bautismo de Juan hasta la parusía del Juez de vivos y muertos. Las segundas -colosenses y primera a los corintios- son ejemplos de predicación moral, exhortaciones a vivir la vida nueva enraizada en la participación del cristiano en la Pascua de Cristo.

La repetición frecuente del versículo del salmo 117 -"Éste es el día del triunfo del Señor"- nos recuerda constantemente la clave de esta predicación pascual. Se trata de anunciar la obra del Señor: su victoria sobre el pecado, la muerte, el diablo; el don de su Espíritu que purifica los corazones, los fortalece y los enardece, y reune "en comunión" a los hijos de Dios dispersos, en una sola Iglesia. Aquí radica el carácter "mistagógico" y "doxológico" de esta predicación, es decir, el esfuerzo para ayudar a los destinatarios a descubrir con admiración y a introducirse con alabanza y acción de gracias, a través de la misma celebración, en la acción del Señor resucitado, quien de una manera real y actual sale al encuentro de los fieles en este contexto, con la potencia de su Espíritu.

EL EVANGELIO DEL DÍA DE PASCUA

El evangelio propio de este día es el de Juan, con la narración del sepulcro vacío, y la carrera de los dos discípulos para comprobar la situación. El tema del sepulcro vacío de Jesús, y especialmente tal como lo comprueban los dos discípulos, debe ser tratado de tal manera que destaque su carácter de señal de la "novedad" que Cristo crucificado ha introducido en la historia como "primogénito de los resucitados". El hecho material del vacío, en efecto, causa de entrada sorpresa y angustia: ¿un sepulcro profanado? Pero la manera como ven los lienzos puestos en el suelo y el sudario... doblado en sitio aparte, hacen notar que no ha pasado lo mismo que sucedió con la resurrección de Lázaro. De éste, Jesús dijo: "Desátenlo, para que pueda andar" (Jn 11,44). No se trata de un retorno a la vida terrena, sino de una entrada en la vida gloriosa. Las apariciones confirmarán que Cristo es el Viviente, próximo a los suyos, reconocido en la fe y el amor. Así, el sepulcro vacío se convierte en un cumplimiento de los anuncios proféticos (Ezequiel), y en un testigo silencioso de la llegada a la novedad de la Vida, en la que los sepulcros no juegan ningún papel.

Si algún día conviene que la predicación pascual respire "mistagogía" y "doxología", iniciación y alabanza, por encima de la apologética y el moralismo, éste es, sobre todo, la fiesta de la Pascua, tanto por la Noche como por el Día. Junto a Pedro -en la comunión de fe de la Iglesia- todos los que sabemos que somos amados por Jesús -el discípulo amado- corremos a su encuentro, no angustiados por un sepulcro vacío, sino gozosos porque nuestra vida, desde ahora, "está con Cristo escondida en Dios" (2a lectura, colosenses). No encontraremos los signos de su ausencia- las vendas y el sudario- sino su presencia de Cordero Pascual sacrificado y resucitado, bajo los signos de donación de vida y alimento: el pan y el vino de la Eucaristía.

NO OLVIDEMOS EL VICTIMAE PASCHALI LAUDES

La secuencia Victimae paschali laudes es una de las dos que han quedado como fijas en el leccionario actual. Es un texto de poesía exquisita, que no puede ser recitado de un modo banal. Lo mejor es cantarlo en latín, introduciéndolo, si cabe, con una breve síntesis. Pero también lo puede cantar un solista, o recitarlo con un fondo musical apropiado.

PERE TENA

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Proyecto de homilía

Las lecturas del domingo de Pascua no nos presentan ningún relato de la resurrección misma de Jesús. De hecho, ninguna página del Nuevo Testamento nos ofrece un relato del evento mismo de la resurrección. Se nos habla más bien de la irrupción de Cristo en la Iglesia de los primeros días y de los primeros creyentes, los discípulos, que llegan así a la fe en el Resucitado.

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, contiene el núcleo central del discurso pronunciado por Pedro en la casa del centurión Cornelio, en Cesarea. Esta límpida síntesis del mensaje cristiano tiene dos partes: el anuncio del kerygma (Hch 10,37-41) y el llamado a la fe (vv. 42-43).

En el centro de esta predicación está la realidad histórica de Jesús. No se proclama una nueva doctrina o una serie de enunciados abstractos; sino la vida de un hombre. Lo que hizo más bien que lo que dijo; el significado salvador de su muerte. El tiene el poder de perdonar los pecados, de reconciliar al ser humano con Dios. La resurrección es presentada como el acontecimiento que hace llegar al creyente a caer en la cuenta del verdadero significado de los hechos y lo hace testigo, para que llame a otros a la fe en el nombre de Aquél que perdona los pecados.

También San Pablo, escribiendo a los cristianos de Colosas (segunda lectura), no habla de la resurrección como si estuviera preocupado por narrar los hechos mismos; trata más bien de proponer el significado que la resurrección de Cristo tiene para el creyente. Se presenta allí la resurrección de Jesucristo y nuestra participación en su Pascua por medio del bautismo.

Más que darnos las coordenadas históricas del acontecimiento, Pablo nos quiere decir cómo ese misterio entra en nuestra vida. El bautismo nos hace participar en la resurrección de Cristo, como nos ha hecho participar en su muerte. Por eso, debemos trascender el horizonte de las cosas "de acá abajo", de las realidades del "hombre viejo", y pensar más bien en las de "allá arriba, donde está Cristo".

Tampoco el evangelio nos ofrece un informe del hecho mismo de la resurrección. Juan presentó ya, sobre la cruz, la exaltación pascual de Jesús (Jn 19,33-36): con los signos del agua y de la sangre revela el evangelio la identidad de aquel hombre crucificado: Él es el nuevo templo, de donde brota el río de agua vivificadora, (Cfr. Ez 47,1) y el verdadero Cordero pascual, cuyos huesos no deben romperse y cuya sangre es derramada para la salvación del pueblo.

Ahora el evangelista completa su mensaje. Para eso sigue el esquema común a los otros evangelistas: habla del tiempo eclesial que siguió a la Pascua; más aún, que nació de esa Pascua. En este pasaje, más que estar preocupado por mostrar la figura de Cristo resucitado, quiere mostrar cómo los primeros testigos llegaron a creer. Juan menciona algunos 'signos': la piedra rodada a un lado del sepulcro, los vendajes y el sudario doblados...; pero esos son signos en sí ambiguos, insuficientes para llegar a la fe; tanto es así que María corrió del sepulcro asustada. En cambio, el discípulo amado es modelo del creyente: él "ve y cree". Cuando se ha recibido el don de la fe, se comprenden las Escrituras; se está dispuesto a recibir el testimonio de los profetas, que anunciaron que el Mesías debía resucitar de entre los muertos para salvar a la humanidad.

La resurrección es una presencia que interviene en nuestra vida, como intervino en la vida de los primeros creyentes, llamándolos a ser testigos, regenerándolos a una vida nueva. ¡Que estos efectos se reproduzcan en nosotros, al participar hoy en nuestra celebración de la Eucaristía!

CARLOS SOLTERO, S.J.

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