
Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Sal 95,3-4 |
Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones, porque grande es el Señor y digno de toda alabanza.
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, que has querido que tu Iglesia sea sacramento de salvación para todos los hombres, a fin de que la obra redentora de tu Hijo perdure hasta el fin de los tiempos, haz que tus fieles caigan en la cuenta de que están llamados a trabajar por la salvación de los demás, para que todos los pueblos de la tierra formen una sola familia y surja una humanidad nueva en Cristo nuestro Señor, que vive y reina contigo...
PRIMERA LECTURA
Mi casa será casa de oración para todos los pueblos.
Del libro del profeta Isaías: 56,1.6-7
Esto dice el Señor: "Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse.
A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 66 |
R/. Que todos los pueblos conozcan tu bondad.
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvadora. R/.
Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones. R/.
La tierra ha producido ya sus frutos,
Dios nos ha bendecido.
Que nos bendiga Dios
y que le rinda honor el mundo entero. R/.
SEGUNDA LECTURA
Dios quiere que todos los hombres se salven.
De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 2,1-8
Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.
Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.
Él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.
Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | Mt 28,19.20 |
R/. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor, y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. R/.
EVANGELIO
Vayan y enseñen a todas las naciones.
+ Del santo Evangelio según san Mateo: 28,16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, como aceptaste la gloriosa pasión de tu Hijo, dígnate aceptar también por la salvación del mundo, los dones y plegarias de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio dominical
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | Mc 16,15 |
Vayan por todo el mundo a proclamar la buena nueva a todas las naciones, dice el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Señor, que la participación en tu mesa nos santifique y que la redención que tu Hijo consumó en la cruz, sea recibida con gozo en todo el mundo por medio del sacramento de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
VAYAN Y ENSEÑEN
La cita ya estaba hecha. Jesús, después de celebrar la Ultima Cena, les había dicho a sus discípulos: "Me encontraré nuevamente con ustedes en Galilea" (Mt 26,32). Galilea no es sólo una región geográfica, es un lugar simbólico. No olvidemos que ahí fue donde Jesús comenzó a predicar y anunciar la buena noticia del Reino (Cfr. Mt 4,12-17.23). Galilea es, pues, sitio del trabajo apostólico, de la misión. En ese lugar tan significativo, tan lleno de recuerdos, tan lleno de esperanza, es donde Jesús quiere encontrarse con sus discípulos.
El sentido de este encuentro de Jesús con sus discípulos es devolver las fuerzas a éstos, que tanto habían vacilado, que se habían ganado a pulso el apelativo de "hombres de poca fe" (Cfr. Mt 6,30; 8,26; 14,31), que no habían sido capaces de seguirlo como discípulos en su Pasión. Por eso las primeras palabras de Jesús insisten en el poder que viene de Dios: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra". Después viene el envío: hayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas...". El encargo que Jesús da a sus discípulos resume las dos fases de la iniciación cristiana: la enseñanza y el bautismo. En Mt 10,7, el mandato era: Vayan y proclamen. Aquí es: Vayan y enseñen. Allá los seguidores de Jesús eran discípulos y anunciadores; aquí son apóstoles y maestros. La responsabilidad de enseñar, de cumplir todo lo mandado por Jesús y de bautizar, es grande. Jesús los anima: "Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo". El Emmanuel, el Dios-con-nosotros, acompañará siempre a la Iglesia en su misión (Cfr. Mt 1,23; 18,20).
El evangelio de este domingo, dedicado a las misiones, nos invita a ponernos en camino y compartir con otros la buena nueva de Jesús, a comunicar y enseñar a otros que Dios es bueno y quiere que vivamos como verdaderos hermanos.
* 1ª lectura: Isaías 56,1.6-7
La primera lectura de hoy está formada por algunos versículos de la apertura (56,1-8) del Tercer Isaías y así sólo presenta, por una parte, el hecho del retraso de la manifestación de Dios (v. 1), problema planteado al pueblo que ha regresado del exilio, y por la otra, los criterios de admisión a la asamblea litúrgica del pueblo de Dios, concretamente la participación de los "extranjeros que se han adherido al Señor" (vv. 6-7).
El redactor de Isaías 56-66, que recoge una diversidad de material, haciéndolo girar en torno de los capítulos 60-62, está convencido de que "está a punto de llegar" la justicia y la salvación de Dios. Por ello invita a la asamblea a la acción practicando el derecho y la justicia: "Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia".
La acogida a los "extranjeros que se han adherido al Señor" es signo de lo que el salmo de hoy proclama: la alabanza a Dios de todos los pueblos, y el conocimiento de sus caminos por parte de toda la tierra.
* 2ª lectura: 1 Timoteo 2,1-8
" Te ruego, hermano, que ante todo se hagan orasiones... por todos los hombres...". El primer tema de instrucción para la comunidad gira en torno de la necesidad de que ésta ore no sólo por sus propios miembros, sino por todos los hombres y por la sociedad en general. La plegaria por los gobernantes, aunque pudieran ser hostiles a la comunidad cristiana, se encuentra plenamente en la línea trazada en Romanos 13,1-7 sobre la obediencia a la autoridad. La comunidad cristiana no se puede situar al margen de o contra la sociedad, no es una secta. Aunque sea todavía reducida en número, su perspectiva ha de tener un sentido universal.
"... él quiere que todos los hombres se saven y todos lleguen al conocimiento de la verdad". Los cristianos han de pedir por todos los hombres porque saben que el plan de Dios es un plan de salvación universal. La salvación aparece así en íntima relación con el conocimiento de la verdad. Saber que hay un solo Dios y que Jesucristo es el único mediador es el fundamento de la salvación ofrecida a todos los hombres: Dios es su creador y todos han sido representados por Cristo delante de él. Su misma muerte por todos los hombres ha sido el testimonio más patente de esta verdad.
* 3ª lectura: Mateo 28,16-20
El fragmento nos sitúa en el lugar clave de Mateo, la Galilea de los paganos: signo de la universalidad del acontecimiento Jesús. Desde aquí Jesús proclama su último discurso, articulado en tres sentencias:
1. Una declaración sobre su autoridad (efesia) universal, en indicativo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra".
2. Un mandamiento a los discípulos sobre su misión a todos los pueblos, en imperativo, y dos principios con el mismo valor: "Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado".
3. Una palabra de garantía, de seguridad, en indicativo: "...y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
Nos encontramos, pues, ante un típico esquema literario bíblico de misión o investidura profética:
1) palabra de revelación: presentación de Dios;
2) mandato-instrucción;
3) promesa-garantía.
La misión actual de los discípulos a los pobres y a la vida de la comunidad eclesial está bajo el signo de esta presencia del Señor Jesús. La eficacia de la misión de los discípulos y la autoridad de su enseñanza se fundamentan en esa promesa-seguridad de Jesús. La fidelidad y perseverancia de los que son de Jesús por el bautismo y la obediencia al Evangelio, derivan de esta promesa-garantía del Señor resucitado.
Para Mateo, la comunidad eclesial, si actúa con fidelidad al Evangelio de Jesús, se convierte en signo de la presencia liberadora y salvadora de Dios en la historia humana.
La primera misión consistía en anunciar, como Jesús, que el Reino de los cielos está cerca: la nueva misión, inaugurada por la Pascua, consiste en hacer discípulos del Señor Jesús en todos los pueblos de la tierra. La mención explícita del bautismo confirma el carácter eclesial del hecho de ser discípulo y de la misión inaugurada por la Pascua. El bautismo es dado "en el nombre de", es decir, "en relación con" el Padre, el Hijo y el Espíritu.
El discípulo no tiene que hacer discípulos exclusivamente, sino que debe observar también "la enseñanza" de Jesús.
El término "exousia" indica "aquella autoridad" que caracteriza tanto la acción como la palabra de Jesús en conexión con su misión reveladora de la voluntad de Dios y de protagonista de su proyecto salvífico.
J. NASPLEDA - J. FONTBONA
El Domingo mundial de las misiones es una ocasión muy importante para profundizar en el sentido de la Iglesia y de nuestra pertenencia a ella.
EL MANDATO MISIONERO
Las lecturas especiales de este domingo nos presentan la universalidad de la salvación y la cooperación del hombre a este trabajo salvífico. Las palabras del evangelio de hoy contienen el así llamado mandato misionero. Los deberes que Cristo transmite a los apóstoles definen al mismo tiempo la naturaleza misionera de la Iglesia. Esta verdad ha encontrado su expresión particularmente plena en la enseñanza del Concilio Vaticano II: "La Iglesia peregrina es, por naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre (Ad gentes, 2). La Iglesia nacida de esta misión salvífica se encuentra siempre in statu missionis: en estado de misión, y está siempre en camino. Esta condición refleja las fuerzas interiores de la fe y de la esperanza que animan a los apóstoles, a los discípulos y a los confesores de Cristo Señor durante todos los siglos".
En nuestra época estas fuerzas, tan claramente presentadas por el Concilio, deben hallar eco de nuevo. La Iglesia debe renovar su conciencia misionera, que en la práctica apostólica y pastoral de nuestros tiempos exige ciertamente muchas aplicaciones nuevas.
Reflexionemos en lo que hemos recibido: la vida misma del Padre, por medio de Cristo, en la dinamización del Espíritu. Reflexionemos en los compromisos que de este don se siguen:
- Abrirnos sería y sinceramente a este don, asimilarlo, hacerlo nuestra propia vida, en un proceso continuo de conversión.
- Convencidos y entusiasmados por la verdad y la belleza de este don, nos urge comunicarlo a los que no lo poseen.
¿CÓMO DEBE ENFOCARSE LA HOMILIA?
No sólo la homilía, sino todos los demás elementos "catequizadores" de la celebración -introducción, moniciones, cantos, etc.- deben tener gran unidad y llevar al pueblo a su concientización y a su toma de responsabilidad en este campo.
(Nota: La preparación de la homilía de este domingo es una ocasión muy buena para leer [siempre encontraremos algo "nuevo"] el documento conciliar sobre las misiones, el decreto Ad gentes y, más ampliamente sobre la evangelización, la Evangelii nuntiandi de Pablo VI; también el capítulo segundo de la 11 parte del Documento de Puebla: "¿Qué es evangelizar?", nn. 342-384).
Tratemos de asimilar estas ideas y traduzcámoslas a nuestro pueblo en su lenguaje y según sus necesidades.
LO QUE HAY QUE HACER
a) Evitar la falsa imagen "romántica" que para muchos tienen las misiones: un audaz explorador en tierras exóticas, la imagen del sacerdote barbado o de la monjita con sarakof, rodeados de "negritos" o de "chinitos".
b) Responder a la expresa o tácita objeción: ¿por qué enviar misioneros a otras tierras si son tantas nuestras propias necesidades? "La caridad bien entendida...".
Puebla nos dice: "La misión evangelizadora es de todo el pueblo de Dios. Es su vocación primordial, su identidad más profunda (EN, 14). Es su gozo. El pueblo de Dios con todos sus miembros, instituciones y planes, existe para evangelizar. El dinamismo del Espíritu de Pentecostés lo anima y lo envía a todas las gentes. Nuestras Iglesias particulares han de escuchar con renovado entusiasmo el mandamiento del Señor: 'vayan, pues, y enseñen a todas las naciones' (Mt 28 19)" (P, 348).
"Así la Iglesia, en cada uno de sus miembros, es consagrada en Cristo por el Espíritu, enviada a predicar la Buena Nueva a los pobres (Cfr. Lc 4,18), y a 'buscar y salvar lo que se había perdido' (Lc 19,10)" (P, 361).
c) Aclarar (si es necesario hacerlo, ya que no hay que crear problemas donde no existen): La misión (-envio, pero también trabajo) es la de Cristo, no la de un país determinado o de una cultura. La responsabilidad es llevar una fe, no unas costumbres o una civilización.
d) Dirigir a los fieles:
- A tomar conciencia del gran don de la fe en la Iglesia.
- A agradecer este don; recibiéndolo y proyectándolo en todos los ambientes de nuestra vida: los más inmediatos -familia, trabajo, comunidad en la que vivimos-, pero también a todos los hombres, hermanos nuestros que no tienen aún ese don.
ALBERTO ARANDA C., M.Sp.S.
Recordamos y celebramos este domingo la vocación misionera de la Iglesia, y le pedimos al Señor que nos ayude a vivirla plenamente. Al mismo tiempo, queremos dar nuestro apoyo y solidaridad a todos aquellos que tienen como tarea anunciar el evangelio entre quienes no lo conocen.
A veces identificamos judaísmo y AntiguoTestamento con un espíritu nacionalista y exclusivista, que sólo pensaba en las prerrogativas del pueblo judío, el pueblo "elegido" por Dios. Eso pudo haberse dado en algunos sectores del pueblo de Israel y en algunas épocas de su historia; pero no representa plenamente la autoconciencia de Israel de ser un 'pueblo sacerdotal', que tenía como misión hacer llegar el amor de Dios a todos los pueblos de la tierra.
Ese carácter universalista de la voluntad divina de salvación está hermosamente expresado en varios textos del Antiguo Testamento, como, por ejemplo, en la primera lectura escogida para nuestra celebración: «A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto... yo los conduciré a mi monte santo» (Is 56,6-7).
Este universalismo, presente ya en el Antiguo Testamento, se ve reflejado, por ejemplo, en las palabras con que el anciano Simeón acoge, en el templo de Jerusalén, la llegada del niño Jesús llevado allá por sus padres: «Mis ojos han visto tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos; luz para iluminar a los gentiles, y gloria de tupueblo Israel" (Lc, 2,30-32).
El evangelio de Mateo nos presenta el encargo y misión que Jesús da a los apóstoles en aquel monte de Galilea donde se les apareció después de la resurrección. En esa última instrucción de Jesús, está condensada la misión de la Iglesia, para la época de los apóstoles y para todos los tiempos.
Se trata de una misión universal. La Buena Nueva de Jesús había sido anunciada primeramente al pueblo de Israel (Cfr. Mt 10,5;15,24), según el plan divino; pero después de la muerte y resurrección de Cristo esa salvación debe ser ofrecida a todos los pueblos de la tierra. - Para el cumplimiento de esa misión, Jesús promete estar presente y operante con los suyos.
La universalidad del plan divino de salvación está también expresada con claridad en la segunda lectura: «Dios quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4). Dios es el Padre de todos y envió a su Hijo para que ofrefiera su vida como rescate por todos. De ahí la necesidad de que los cristianos eleven constantemente sus oraciones por la salvación de todos los seres humanos.
Al participar en la Santa Misa, renovemos hoy nuestro deseo de participar en la misión evangelizadora del Pueblo de Dios, con nuestras palabras y con nuestra vida. Elevemos nuestra oración por todos los portadores de la Buena Nueva cristiana por todos los rincones del mundo.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES