Esta Basílica es la catedral del Papa. De entre todas las iglesias de Occidente, ésta es la primera en antigüedad y dignidad (fue construida por el emperador Constantino hacia el año 320). La fiesta de esta dedicación ha de recordarnos que el ministerio del Papa, sucesor de Pedro, constituye para el pueblo el principio y el fundamento de la unidad.

Propio Comentario Nota exegética Orientaciones para la celebración
| ANTÍFONA DE ENTRADA | Apoc 21,2 |
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de donde estaba al lado de Dios, engalanada como una novia que se adorna para su esposo.
Se dice Gloria
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro, que has querido congregar a tu pueblo y llamarlo Iglesia, es decir, asamblea, concede a los que se reunen en tu nombre venerarte, amarte y seguirte, y, guiados por ti, alcanzar el Reino que les tienes prometido. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Vi salir agua del templo: era un agua que daba vida y fertilidad.
Del libro del profeta Ezequiel: 47,1-2.8-9.12
En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho.
Aquel hombre me dijo: "Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por dondequiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina".
Palabra de Dios.
| SALMO RESPONSORIAL | Del salmo 45 |
R/. Un río alegra a la ciudad de Dios.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
quien en todo peligro nos socorre.
Por eso no tememos, aunque tiemble,
y aunque al fondo del mar caigan los montes. R/.
Un río alegra a la ciudad de Dios,
su morada el Altísimo hace santa.
Teniendo a Dios, Jerusalén no teme,
porque Dios la protege desde el alba. R/.
Con nosotros está Dios, el Señor;
es el Dios de Israel nuestra defensa.
Vengan a ver las cosas sorprendentes
que ha hecho el Señor sobre la tierra. R/.
SEGUNDA LECTURA
Ustedes son el templo de Dios.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 3,9-11.16-17
Hermanos: Ustedes son la casa que Dios edifica. Yo, por mi parte, correspondiendo al don que Dios me ha concedido, como un buen arquitecto, he puesto los cimientos; pero es otro quien construye sobre ellos. Que cada uno se fije cómo va construyendo. Desde luego el único cimiento válido es Jesucristo y nadie puede poner otro distinto.
¿No saben acaso ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo.
Palabra de Dios.
| ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO | 2 Crón 7,16 |
R/. Aleluya, aleluya.
He elegido y santificado este lugar, dice el Señor, para que siempre habite ahí mi nombre. R/.
EVANGELIO
Jesús hablaba del templo de su cuerpo.
+ Del santo Evangelio según san Juan: 2,13-22
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre".
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: "¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?" Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré". Replicaron los judíos: "Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?"
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Palabra del Señor.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque en toda casa consagrada a la oración te has dignado quedarte con nosotros, para hacernos tú mismo templos del Espíritu Santo, que brillen, sostenidos por tu gracia, con el esplendor de una vida santa.
Y, porque con tu acción constante, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada por estos edificios materiales, a fin de que, llena de gozo por la multitud de sus hijos, sea presentada a ti en la gloria de tu Reino.
Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
| ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN | 1 Pedro 2,5 |
Nosotros somos piedras vivas, que sirven para construir el templo espiritual, el pueblo sacerdotal que pertenece a Dios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalen celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PARA ADORAR A DIOS
La basílica de Letrán, erigida por el emperador Constantino hacia el año 320, es la primera en dignidad entre todas las iglesias de Occidente, la madre y cabeza de todos los templos del mundo. Es la catedral del Papa como obispo de Roma. Al consagrarla el Papa san Silvestre le dio el nombre de basílica del Salvador, siendo ésta la primera consagración pública de una iglesia. En la fecha fija del 9 de noviembre se celebra en toda la Iglesia este festivo aniversario.
Al celebrar este aniversario de la catedral de Roma, signo de la única Iglesia de Cristo diseminada por el mundo, es oportuno recordar el sentido y actualidad del templo. El templo cristiano es un lugar y espacio privilegiado que posibilita al hombre encontrarse con Dios. No para huir del mundo y de la vida, sino para encontrar sentido, rumbo y capacidad para ir a todos los lugares teniendo como centro a Jesús, el nuevo templo de Dios.
Los evangelios sinópticos sitúan este relato de la expulsión de los mercaderes de templo en la última semana de la vida de Jesús; Juan la pone al comienzo de su vida pública. Esto para mostrar que Jesús inaugura un tiempo nuevo en las relaciones del hombre con Dios. Jesús reemplaza al templo antiguo, representativo de todo el judaísmo, incluida la ley, y se presenta como el verdadero templo: "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré", les dice a los judíos que le reclaman por sus acciones. En el diálogo con la samaritana Jesús también dirá: "Créeme, mujer, está llegando la hora, mejor dicho, ha llegado ya, en que para dar culto al Padre, no tendrán que subir a esta montaña ni ir a Jerusalén... Ha llegado la hora en la cual los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre quiere ser adorado así" (Jn 3,21-23).
* 1ª lectura: Ezequiel 47,1-2.8-9.12
El libro de Ezequiel presenta en sus ocho últimos capítulos, en forma de visión, una nueva imagen del templo y del país. Empieza con una descripción que podríamos llamar "externa", pero en el capítulo 43 pone la base de todo el cambio que se producirá: el Señor (que había abandonado el santuario para ir a vivir en medio de los deportados a Babilonia) vuelve ahora glorioso a vivir en el templo, a la tierra prometida, a Jerusalén. Se ha de entender, consecuentemente, que la vida del pueblo ha cambiado también. ¡Por eso vuelve Dios!
La lectura que leemos propone la última reflexión referida directamente al templo, para después pasar a las reflexiones sobre el país. Esta conclusión sobre el templo sirve como de bisagra de un tema a otro, ya que se sobrepasan los límites del ambiente cúltico para derivar en un ambiente geográfico.
Expresiones como me llevó a la ENTRADA del templo... me hizo SALIR por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el Pórtico que mira hacia el oriente... son significativas para entender el sentido del nuevo templo. Por otra parte, expresiones como estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arahá, entrarán en el mar... todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente... son perfectamente ilustrativas de por dónde va la nueva historia del pueblo de Dios. Ideas como las de abundancia, saneamiento, santidad, remedio, etc. se van complementando para insistir en el mismo punto: renovación total y, se puede decir, ¡definitiva!
Las últimas imágenes de la lectura (los frutales) ayudan a dar una dimensión vivencial y humana a la visión, ya que normalmente éstas se aplican a la persona justa y fiel a la alianza (ver Sal l y Jer 17,8).
* 2ª lectura: 1 Corintios 3,9-11.16-17
La primera parte de la Carta está dedicada a revisar profundamente el porqué de las divisiones internas dentro de aquella comunidad. La sabiduría de este mundo hace que nos creamos ser algo. La sabiduría de Dios, en cambio, es Jesús crucificado. En este contexto se sitúa la lectura de hoy.
Los vv. 12-15, que no leemos en la versión litúrgica, presentan el tema del juicio. No se aleja demasiado del contexto de la sabiduría divina, ya que el único fundamento para construir la comunidad cristiana es Jesucristo. El único cimiento válido es Jesucristo y nadie puede poner otro distinto. El juicio va dirigido en primer lugar a los que tienen responsabilidad apostólica. El mismo Pablo, como hace a menudo, se presenta como ejemplo: Yo, por mi parte, correspondiendo al don que Dios me ha concedido, como un buen arquitecto, he puesto los cimientos... La tarea de arquitecto se aplica a la Sabiduría personificada en Proverbios y el Eclesiástico. Es la sabiduría que ayuda a Dios en la creación del mundo y se ofrece a los hombres como don de felicidad.
Por la fe en Jesucristo se está construyendo el nuevo pueblo de Dios. La nueva humanidad es fruto de la acción del Espíritu, don del Padre por Jesucristo, que es quien santifica (el nuevo pueblo santo de la nueva alianza). Quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo.
* 3ª lectura: Juan 2,13-22
Juan ha hecho de este relato (los sinópticos lo sitúan al inicio de la pasión de Jesús), en un contexto polémico, el centro del cual está en la pregunta (interrogatorio) que los judíos hacen a Jesús: ¿Qué signo nos das de que tienes autoridad para actuar así? Aquí utiliza Juan su palabra específica "signo" (que en muchas ocasiones sustituye al "milagro" de los sinópticos). Los "signos" de Jesús han comenzado en el episodio anterior de las bodas de Caná (2,11). Los "signos" son una puerta abierta a la fe de los discípulos.
A lo largo del evangelio, Juan juega a comparar a Jesús con personajes o instituciones del Antiguo Testamento. Los sinópticos acostumbran presentar a Jesús como aquel que da sentido pleno y cumplimiento a las promesas del Antiguo Testamento. Juan, en cambio, presenta a Jesús superándolas totalmente. Se refiere aquí al Templo, el "lugar donde Dios reside" y manifiesta su gloria.
Jesús "ha destruido" (por decirlo de alguna manera) el templo ( 'ieros, la parte más extensa, el atrio que servía de entrada). Después del interrogatorio, Jesús pide a los judíos que "destruyan" el santuario (naos, el lugar específico de los sacrificios). La polémica se sitúa en dos niveles: destruirlconstruir y reconstruir en tres díaslen cuarenta y seis años. La "novedad" de Jesús supera la "antigüedad" de las instituciones judías. Otra polémica se expresa en los términos mercado (literalmente: una casa de mercado) la casa de mi Padrelel templo. Las palabras de la Escritura que los discípulos recuerdan (el celo de tu casa me devora) se aplican a Jesús y también a los judíos, quienes condenarán a Jesús por un supuesto "celo al templo de Dios".
Primero los discípulos se acuerdan de lo que está escrito. Al final, los discípulos se acordaron... y creyeron en la Escritura y en las Palabras que Jesús había dicho. Del recuerdo de la palabra se pasa a la fe en la Palabra. La resurrección (refiriéndose al santuario de su cuerpo=la persona del Resucitado) es la autoridad que permite a los discípulos entrar en la casa del Padre, incluso, fuera del templo.
J. RAMÓN MARÍN
"LA MADRE DE TODAS LAS IGLESIAS"
La semana pasada coincidió en domingo la conmemoración de los fieles difuntos. Hoy sucede lo mismo con la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral del Papa como obispo de Roma, erigida por Constantino, que fue durante siglos la residencia habitual de los Papas. Aún hoy, a pesar de que reside en el Vaticano, el día del Jueves Santo, el Papa preside cada año la Eucaristía en San Juan de Letrán, con el lavatorio de los pies.
Esta Basílica es símbolo de la unidad de todas las comunidades cristianas con Roma -se la llama "la madre de todas las iglesias"- y por eso celebramos la fiesta de su Dedicación en todo el mundo. Es una manera de recordar que todos estamos unidos por una misma fe y que la Iglesia de Roma, que es la Iglesia del apóstol Pedro, es un punto de referencia fundamental de nuestra fe.
Hoy se podría comenzar la Eucaristía con la aspersión bautismal -en relación también con el tema del agua de la 1ª lectura- y luego cantar el Credo, el símbolo de nuestra fe, que nos une con la comunidad esparcida por el mundo, con su centro en Roma.
MOSAICO DE LA COMUNIDAD ECLESIAL
Las lecturas de hoy nos presentan un mosaico de imágenes de lo que es la Iglesia: el agua que brota del templo, el edificio que se construye sobre Cristo, el templo de Dios y morada del Espíritu, el templo que somos también cada uno de nosotros, el templo que hay que defender como casa de oración, el cuerpo de Cristo, reedificado al tercer día...
En la homilía se podría elegir alguno de estos filones (no todos). Por ejemplo el símil de la edificación que usa Pablo: todos somos "edificio de Dios", que él, Pablo, ha contribuido a construir, para ser "templo de Dios" y morada del Espíritu. Pero "el único cimiento válido es Jesucristo y nadie puede poner otro distinto". Son las motivaciones que él aduce para que todos respeten ese templo de la comunidad y de cada persona. Y nos dan ocasión para hablar de la relación simbólica de la iglesia-edificio con la Iglesia-comunidad, con sus múltiples aplicaciones.
O bien, la escena de Jesús arrojando del templo a los que lo habían convertido en un mercado, con la venta de animales para el sacrificio y el cambio de monedas para los que venían del extranjero. Jesús defiende la dignidad de la casa de Dios y su destino de lugar de oración. Pero, además, añade un enigmático símbolo: el templo de su propio cuerpo, que será destruido, pero que al tercer día se reedificará en la resurrección.
EL AGUA QUE MANA DEL TEMPLO
Pero esta vez nos podríamos fijar más en la primera imagen, el agua que debería manar de la Iglesia, comunidad de Jesús, para sanear y llenar de vida el mundo.
El profeta Ezequiel ve el agua que brota del templo. En realidad, del que mana la salvación es de Dios, de Yahvé. Pero Dios manifiesta sacramentalmente su presencia por medio del templo. Esa agua baja por las laderas, sanea lo que encuentra a su paso y ahí, por donde pasa, todo queda lleno de vida, de peces en abundancia, de árboles frutales con ricas cosechas y hojas medicinales. Es como volver a la vida que daban al paraíso del Edén sus cuatro ríos. También el Apocalipsis, en su página final de la historia, vuelve a presentar la misma visión: "Un río de agua de vida que brota del trono de Dios y del Cordero, que da vida a los árboles y hace medicinales sus hojas" (Cfr. Apoc 22,1-2).
¿Qué es esta agua? El simbolismo de este valioso elemento es muy rico. Pero en el evangelio, el agua es sobre todo Cristo Jesús, como él mismo indica a la samaritana junto al pozo, donde ambos habían ido en busca de agua. O también es su Espíritu, como en otra ocasión afirma Jesús: "Del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua viva. Al decir esto, se refería al Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en él" (Jn 7,38s.).
¿SOMOS FUENTE DE AGUA VIVA PARA LOS DEMAS?
Ahora bien: el signo visible de esa gracia que emana de Dios es la comunidad de Jesús y de su Espíritu, la Iglesia. Para los israelitas -y para los que venían de fuera- el Templo de Jerusalén era el punto de referencia de la salvación de Dios y del culto que le dedicaban los creyentes.
Ahora ese signo debería ser la comunidad cristiana, en el mundo, o en una diócesis, o en una parroquia. Sí, es cierto, de alguna manera, su sentido se ve como condensado sacramental y significativamente, en sus templos: una iglesia en medio del pueblo o del barrio, con su campanario, como un lugar de reunión y oración para los creyentes y como recordatorio de valores superiores para los demás. Pero, sobre todo, es la comunidad la que debe ser signo creíble de la vida de Dios. Jesús, a través de su Iglesia, concede su agua salvadora a toda la humanidad: son "aguas que manan del santuario", y debería cumplirse lo de que "por dondequiera que el torrente pase, prosperará la vida".
¿De veras mana también hoy, de las laderas de cada comunidad eclesial, agua para saciar la sequía del mundo, luz para iluminar su oscuridad, bálsamo de esperanza para curar sus heridas? La Iglesia, evangelizada -llena de la Buena Noticia-, ¿se siente y actúa como evangelizadora, comunicadora de agua, de esperanza, de vida?
J. ALDAZÁBAL
El palacio de Letrán era propiedad de una noble familia romana, la familia de los Laterani, que desde el s. I d.C. estuvo al servicio de los emperadores. En el s. IV el palacio pasó a ser propiedad del emperador Constantino, quien lo cedió al obispo de Roma, al Papa. La basílica adyacente al palacio de Letrán fue convertida en un templo dedicado al Divino Salvador, y fue la primera catedral del mundo. Más tarde fue dedicada también a san Juan Bautista y a san Juan Evangelista. Por todo eso la basílica de Letrán fue considerada la iglesia-madre de Roma, y allí se celebraron cinco grandes concilios ecuménicos: cuatro en los siglos Xll y XlIl y uno ya en el siglo XVI. Las iglesias de todo el mundo se unen hoy a la iglesia de Roma y le reconocen también a esta basílica, en cierto modo, un "primado de la caridad".
El profeta Ezequiel (primera lectura) en la última parte de su libro dedica varios capítulos (capítulos 40 a 44) a lo que será el nuevo templo en la Jerusalén reconstruida después del destierro de Babilonia y, un poco más adelante (c. 47), habla de una fuente maravillosa que brotará de ese mismo templo; una fuente que se convertirá en río abundante, que llevará la fecundidad y la vida a todas las regiones por donde atraviese y aun al Mar Muerto, al que finalmente llegará. Se trata evidentemente de una descripción metafórica, que quiere poner de relieve las riquezas de amor y de gracia que Dios hará llegar a su pueblo restaurado, por medio de su presencia en el nuevo santuario. En el Nuevo Testamento esa agua maravillosa es interpretada como símbolo del Espíritu Santo (véase, por ejemplo, Jn 7,37-39), y en el contexto de nuestra Misa en el aniversario de la dedicación de la catedral de Letrán, nos habla de las riquezas de gracia que Dios nos comunica en esas casas de fe y de oración que son y deben ser nuestros templos cristianos.
Esta misma idea aparece también en el pasaje del evangelio que hoy leemos. Jesús echa fuera a los vendedores que profanaban el templo de Jerusalén, haciéndolo lugar de mercado con sus animales para los sacrificios y sus mesas de cambio de moneda: «No hagan de la casa de mi Padre un lugar de mercado» (Jn 2,16). Y, en este contexto, Juan pone en boca de Jesús unas palabras misteriosas: «Destruyan este templo y en tres días lo levantaré», que el mismo evangelista interpreta diciendo que Jesús hablaba en realidad "del templo de su cuerpo", que iba a resucitar de entre los muertos. La humanidad de Cristo es el verdadero templo en que Dios se nos hace presente, para mostrarnos todo su amor y su misericordia. Nuestros templos de piedra y de concreto (o nuestras simples capillas de madera o de adobe) son sitios en donde Jesús quiere estar presente en medio de nosotros, que nos reunimos allí en su nombre (Cfr. Mt 18,20).
No son los muros ni los edificios los que dan gloria a Dios, sino los corazones de los seres humanos. Pidámosle a El que nuestra acción de gracias, nuestra Eucaristía, le sea agradable porque nace de la sinceridad de nuestro amor de hijos, y que en esta "casa de Dios" en que se reune nuestra asamblea litúrgica nos sintamos unidos a Él como hijos del mismo Padre.
CARLOS SOLTERO, S.J.
LA PALABRA DE DIOS HOY
SOMOS TEMPLO DE DIOS
Por eso:
ES UN VERDADERO SACRILEGIO.
Y "QUIEN DESTRUYE EL TEMPLO DE DIOS, SERÁ DESTRUIDO POR DIOS, PORQUE EL TEMPLO DE DIOS ES SANTO Y USTEDES SON ESE TEMPLO".