LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
24 de mayo 2009, Ciclo B

Mirando al Cielo

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ANTÍFONA DE ENTRADA Hech 1,11

Hombres de Galilea, ¿qué hacen allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús, que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto marcharse. Aleluya.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA

Llena, Señor, nuestro corazón de gratitud y de alegría por la gloriosa ascensión de tu Hijo, ya que su triunfo es también nuestra victoria, pues a donde llegó él, nuestra cabeza, tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros, que somos su cuerpo. Por nuestro Señor Jesucristo...

PRIMERA LECTURA

Se fue elebando a la vista de sus apóstoles.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 1,1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: "No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo".

Los ahí reunidos le preguntaban: "Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?" Jesús les contestó: "A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra".

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos, ¿que hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse". Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Del salmo 46

R/. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Aplaudan, pueblos todos;
aclamen al Señor, de gozo llenos;
que el Señor, el Altísimo, es terrible
y de toda la tierra, rey supremo. R/.

Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todos. R/.

Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo. R/.

SEGUNDA LECTURA

Hasta que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 4,1-13

Hermanos: yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Por eso dice la Escritura: Subiendo a las alturas, llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.

¿Y qué quiere decir "subió"? Que primero bajó a lo profundo de la tierra. Y el que bajó es el mismo que subió a lo más alto de los cielos, para llenarlo todo.

El fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
Palabra de Dios.

ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Mt 28,19. 20

R/. Aleluya, aleluya.

Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,

y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. R/.

EVANGELIO

Subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 16,15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos".

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.
Palabra del Señor.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, este sacrificio que vamos a ofrecerte en acción de gracias por la ascensión de tu Hijo, y concédenos que esta Eucaristía eleve nuestro espíritu a los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque el Señor Jesús, Rey de la gloria, triunfador del pecado y de la muerte, ante la admiración de los ángeles, ascendió (hoy) a lo más alto de los cielos, como Mediador entre Dios y los hombres, juez del mundo y Señor de los espíritus celestiales.

No se fue para alejarse de nuestra pequeñez, sino para que pusiéramos nuestra esperanza en llegar, como miembros suyos, a donde Él, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido.

Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Cuando se usa el Canon Romano, se dice Reunidos en comunión propio. En la Plegaria eucarística II se dice Acuérdate, Señor propio. En la Plegaria eucarística III se dice Atiende los deseos correspondiente.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Mt 28,20

Yo estaré con ustedes todos los días hasta el Hin del mundo. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Dios todopoderoso, que ya desde este mundo nos haces participar de tu vida divina, aviva en nosotros el deseo de la patria eterna, donde nos aguarda Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.

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La Ascención

ANUNCIAR EL EVANGELIO

Este mandato de anunciar el Evangelio ya lo vemos desde la elección de los Doce: "Designó entonces a Doce, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios" (Mc 3,14-15). Sin embargo, aquí el acento no está puesto tanto en la misión como en el estar con Jesús. A estar con él es a lo que primero llama Jesús. No basta escucharlo y acoger su mensaje, Jesús llama los Doce a que estén permanentemente con él. De este permanecer con Jesús, de vivir con él, de conocerlo íntimamente se deriva el otro verbo: predicar. ¿Predicar qué? Es lo que se nos explicará en todo el Evangelio. Predicar el Reino... que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.

"Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura...", es la misión que les encarga Jesús a sus discípulos antes de subir al Padre y sentarse a su derecha. Esto es una despedida. Jesús ya no estará más aquí en la tierra curando, liberando, dando vida. Es el momento de los apóstoles. El momento de que éstos que conocieron de cerca a Jesús, que estuvieron con él, den testimonio de Jesús y hagan lo mismo que él. Es el momento de que emerja la Iglesia como espacio de nueva humanidad. Los milagros y signos que acompañaron a Jesús se seguirán presentando en este tiempo nuevo: "arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos".

"El Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían", leemos al final del evangelio. Preguntémonos ahora: ¿A través de qué signos descubrimos nosotros, cristianos del siglo XXI, que Jesús sigue actuando en la Iglesia y en el mundo? ¿Cómo puedo yo ser testigo de Jesús y anunciar el Evangelio por todas partes?

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Notas exegéticas

* 1ª lectura: Hechos 1,1-11

La introducción general al libro de los Hechos de los Apóstoles enlaza directamente con el final del evangelio de Lucas (Cfr Lc 24,45-53). Desde ahora serán los apóstoles, aquellos que han visto al Señor y han sido instruidos "por medio del Espíritu Santo" (Hech 1,2), los testigos autorizados de la palabra de Jesús y de su resurrección.

Ante la expectativa mesiánica nacionalista de los apóstoles, Jesús rechaza todo tipo de especulación apocalíptica (Hech 1,7) y enseña que no hay conexión temporal directa entre el don del Espíritu y la llegada plena del reino; la experiencia del Espíritu servirá más bien para dar inicio al tiempo y misión de la Iglesia (Hech 1,8).

El relato de la ascensión del Señor ocupa sólo un versículo (Hech 1,9) y es presentado a través del esquema simbólico conocido en tantas religiones y también en la Biblia, que coloca en lo "alto", en el "cielo", la trascendencia, y "abajo", el mundo de los hombres (Cfr Gén 11,5; 17,22; Sal 144,5). La Ascensión es presentada desde la óptica de la Pascua: Jesús ha sido introducido eternamente en el ámbito de la trascendencia y en el mundo de lo divino. El acento está puesto sobre todo en la "despedida". se trata de una "separación". La "nube" que oculta a Jesús de la vista de los discípulos es precisamente el signo de esta nueva forma de presencia. Un símbolo bíblico que al mismo tiempo "esconde" y "revela" la trascendencia de Dios (Cfr Ex 13,21; 24,16.18; Ez 1,4; Sal 96/97,2; etc.).

* 2a lectura: Efesios 4,1-13

El autor de la Carta, utilizando la imagen del cuerpo (Cfr. 1 Cor 12), exhorta a la unidad eclesial. El principio de esta unidad es la fe en el único Dios (vv. 4-6), destinada a alcanzar la meta de la plenitud: el conocimiento y la comunión con el Hijo de Dios (v. 13) . De la unidad se desprende una maravillosa pluralidad, que procede de Cristo glorificado, "que subiendo a las alturas... dio dones a los hombres" (v. 8), enriqueciendo a su Iglesia con una inmensa variedad de carismas y ministerios, que le permitirán alcanzar la plenitud y la madurez, "a la medida de Cristo" (vv. 13-14).

* 3ª lectura: Marcos 16,15-20

Mc 16,15-20 forma parte del llamado "final canónico" del evangelio de Marcos (Mc 16,9-20), que no fue redactado por el evangelista, sino que fue añadido al libro probablemente en el siglo II d.C., como lo demuestra el análisis de los manuscritos griegos. En todo caso se trata de un texto inspirado y reconocido como canónico por la Iglesia.

Jesús Resucitado, después de echar en cara a los discípulos su sklerokardía (su "dureza de corazón") (Mc 16,14), que les ha impedido reconocerlo y participar del gozo de la Pascua, los envía en misión "por todo el mundo". Han desaparecido las barreras de los pueblos y Jesús resucitado es el Señor de toda la tierra, que manda a los suyos con un mensaje sin distinción de personas, que ofrece a los hombres una doble opción: creer, ser bautizado y salvarse, o no creer y ser condenado (v. 16). Una especie de "dos caminos", al estilo de Deut 30,15.

En la misión los discípulos derrotarán todas las manifestaciones del mal en su nombre ("arrojarán demonios"); harán el bien a todos, sobre todo a los más necesitados ("impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos"); llevarán el Evangelio a todas las naciones y culturas del mundo ("hablarán lenguas nuevas"); realizarán la misión en medio de un mundo hostil ("serpientes", "veneno mortal"), pero nada "les hará daño", nada podrá impedir que el anuncio y el testimonio del Evangelio vaya adelante.

La Ascensión es narrada en una sola frase: "El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios" (v. 19). El lenguaje es teológico y simbólico. "Está sentado a la derecha de Dios", es una frase que indica la soberanía de Jesús, que ejercita plenamente el poder ("la mano derecha") de Dios. "Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba (griego: synergeo) con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían" (v. 20). El mismo Jesús, que como Señor ha sido entronizado gloriosamente en el mundo de Dios, está también presente en medio de los discípulos, obrando con ellos y a través de ellos.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

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Orientaciones para la celebración

UNA SOLEMNIDAD QUE SE APAGA

El traslado de la solemnidad de las Ascensión al domingo séptimo de Pascua, perfectamente legítima según las Normas del calendario universal, podría estar sufriendo de manera progresiva y silenciosa un oscurecimiento en la conciencia popular cristiana. Para muchos cristianos, fácilmente, resulta un domingo más. Es preciso darse cuenta.

El misterio de la Ascensión del Señor forma parte de la totalidad del Misterio Pascual de Jesús, y tan poco educativo sería convertirla en algo aparte como dejar de tenerla presente de una manera específica. Quizá el temor de transmitir imágenes demasiado imaginativas y terrenales hace que, en la predicación, haya una cierta prevención sobre el lenguaje de "subir al cielo". Pero no podemos dejar de dar razón de estas palabras, que forman parte del Símbolo de la fe. La solemnidad de la Ascensión pide una atención especial, tanto en la predicación como en todo el conjunto. El ritual de apagar el Cirio Pascual, que se hacía después del evangelio, en otro tiempo, no se debe reinstaurar, y de hecho no hay ningún rito especial previsto para esta "solemnidad. Más bien sería necesario que toda la celebración adquiriese un relieve parecido al del domingo de Pascua: canto del Gloria, incienso, canto del Credo...

LAS DIMENSIONES DEL MISTERIO DE LA ASCENSIÓN

El evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles son los textos más explícitos sobre la ascensión de Jesús. Las dos narraciones paralelas -el comienzo de los Hechos (primera lectura) y la conclusión del evangelio de Lucas, hablan de la ascensión a continuación de una aparición del Resucitado, y con una fuerte insistencia por parte de Él a los apóstoles sobre la misión para la que serán fortalecidos por el Espíritu Santo. Mateo no habla, simplemente, de la ascensión, pero sí de la misión de los apóstoles en un contexto de aparición del Resucitado, y de una promesa de presencia y asistencia con los discípulos hasta el fin del mundo. El evangelio de Marcos, que leemos en el Ciclo B, reune todas las perspectivas: la aparición del Resucitado a los discípulos, la misión universal, la ascensión y la cooperación activa del Señor cerca de sus apóstoles. Hay una frase, sin embargo, que sólo encontramos en Marcos: "(El Señor Jesús,) ...está sentado a la derecha de Dios". Es una afirmación que ha pasado íntegra al símbolo de la fe: "Está sentado a la derecha del Padre".

La dimensión directamente cristológica de la Ascensión de Jesús se refleja en esta última frase de una manera muy exacta. San Juan Damasceno, citado en el CEC n. 663, explica: "Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada". El embolismo de la Plegaria eucarística I (el Canon) lo dice así: "... para celebrar el día santísimo en que tu Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, habiendo tomado nuestra débil condición humana, la exaltó a la derecha de tu gloria...".

La Ascensión de Cristo es, por una parte, la plenitud de su encarnación: la humanidad asumida en el seno de María es "subida al cielo", entra irreversiblemente en la gloria divina. Esto mismo es glorioso para todos nosotros: en Cristo, que es la Cabeza, nosotros estamos entronizados en las regiones celestiales (ver Efesios 2,6), aunque de un modo oculto (ver Colosenses 3,1-4). Esto se explicita en la liturgia de hoy en la colecta, en el prefacio, y en la poscomunión.

La dimensión eclesiológica y sacramental de la Ascensión de Jesús es que este misterio implica la labor de la Iglesia, la misión apostólica universal, la celebración de los sacramentos. Es clásica la referencia al texto de san León Magno en una homilía sobre la Ascensión: "Lo visible en nuestro Redentor, ha pasado a los sacramentos". Los cuarenta días de las apariciones, cuando el Señor Jesús "se dejó ver" para confirmar la fe de los discípulos e instruirlos sobre el Reino de Dios, fue un tiempo de pedagogía sacramental. Atraves del tiempo de la Iglesia, el Señor continúa presente y operante, sin apartarse de nuestra debilidad (prefacio I), sino haciéndonos partícipes de su divinidad (prefacio II). Los signos de los creyentes serán siempre el amor y la lucha contra el mal del mundo.

LA DIMENSIÓN EUCARISTICA DE LA ASCENSIÓN

Es muy frecuente encontrar alusiones al cielo en las poscomuniones. "La Eucaristía es un resquicio del cielo sobre la tierra" (Juan Pablo II). La fiesta de la Ascensión es un momento privilegiado para destacarlo en la homilía, para vivirlo con intensidad. Los Apóstoles miraban a Jesús hasta que la nube -símbolo de la divinidad- lo veló. Nosotros encontramos al Señor bajo los velos del pan y del vino de la Eucaristía, en la vida presente: "Oh Jesús, a quien ahora contemplo bajo el velo..." (Adoro te denote).

PERE TENA

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Proyecto de homilía

Las lecturas de este domingo nos presentan dos relatos de la Ascensión de Jesús. El primero está tomado del libro Hechos de los Apóstoles (primera lectura); el segundo, del evangelio de Marcos. El hecho de encontrar dos relatos del mismo acontecimiento en la misma celebración nos hace pensar que, en la reflexión de la primera comunidad cristiana, se trata de un acontecimiento importante, que es al mismo tiempo un momento conclusivo y un momento inicial en el camino de fe de la comunidad apostólica y, por tanto, un modelo de pedagogía para la fe de todo creyente.

El papel fundamental de estas lecturas es el de iluminar el paso de un cierto tipo de presencia de Cristo entre sus discípulos, todavía ligada a esquemas pre-pascuales, a otro modo de permanecer entre ellos mucho más profundo y mucho más exigente.

Podemos así comprender los versículos iniciales del libro de los Hechos como una descripción del fatigoso camino que deben seguir los discípulos para una adecuada comprensión del misterio de la resurrección de Cristo, en espera de la venida del Espíritu que les ha sido prometido. Jesús les dice, efectivamente, que sólo entonces tendrán ellos la fuerza para ser sus testigos hasta los confines de la tierra (Hech 1,8).

Y quizá no sólo se puede hablar de "fatigoso camino", sino de una verdadera crisis, de una real confusión interior de los discípulos.Todavía le preguntan a Jesús en ese momento: «Señor, ¿vas a restablecer ahora el reino de Israel?» Y enseguida, cuando Él quiere conducirlos a una experiencia de fe más profunda, mientras que una nube lo oculta a sus ojos, ellos siguen con la mirada fija en el cielo, esperando quién sabe qué cosa. En cambio el pasaje del evangelio de Marcos describe una decisión y comprensión correcta de los discípulos después de la Ascensión, la cual parece no dejarles lugar a ninguna duda. Salieron inmediatamente a predicar por todas partes (Mc 16,20), poniendo en práctica la instrucción que el Maestro acababa de darles (v. 15). Aunque no hay que dejar de notar que también Marcos recuerda que Jesús resucitado, al manifestarse a los once mientras estaban a la mesa, "les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes lo habían visto resucitado" (v. 14).

El pasaje tomado de la Carta de san Pablo a los cristianos de Efeso (segunda lectura) nos ayuda a penetrar con una mirada más contemplativa en el misterio profundo del Señor resucitado (Cfr. Ef 1,18). Cristo que bajó "a las regiones inferiores de la tierra" es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para tomar posesión de todo el universo, como cabeza del mismo (4,9-10). Él, con su nueva presencia, está en su Iglesia, que es su cuerpo.

Es interesante notar la aparente contradicción que coexiste en los dos últimos versículos del evangelio de Marcos. En 16,19 se dice que Jesús está ya en el cielo, sentado a la derecha de Dios; mientras que en el versículo siguiente se dice que el Señor seguía actuando juntamente con sus discípulos aquí en la tierra. El espacio y el tiempo quedan superados, porque el Resucitado ha superado definitivamente estas dimensiones reductivas; Cristo mantiene siempre una presencia constante en su Iglesia.

Un caso concreto de esa presencia de Cristo entre nosotros, su Iglesia, es nuestra celebración de la Eucaristía. Que nos siga ayudando Él a crecer en la fe y en el deseo de compartir nuestra fe con los demás.

CARLOS SOLTERO, S.J.

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LA PALABRA DE DIOS HOY

LA TAREA QUE NOS DEJÓ ENCOMENDADA EL SEÑOR

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